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Reforma política: "Nuestra dirigencia sigue jugando"
Entrevista a Daniel Zovatto publicada en el diario La Nación (Argentina), el 25 de agosto de 2002

El especialista en sistemas y procesos electorales critica que en la agenda de la reforma política hayan quedado afuera los temas que más interesan a la ciudadanía.

"Las enfermedades de la democracia y de la política no se curan eliminando los partidos y creando líderes por medio de la televisión ni con personalismos, sino con mejores partidos y más política. En la Argentina, la reforma política corre el riesgo de quedar trunca, de que sea gatopardista", dice Daniel Zovatto.

Zovatto, un argentino que egresó de Ciencias Políticas de la Universidad Católica de Córdoba hace veinte años y que cursó varias maestrías y doctorados en España y los Estados Unidos -entre ellos, en la Universidad Complutense y Harvard-, es dueño de un castellano neutro que adquirió, desde entonces, en muchos organismos internacionales e institutos de investigaciones. También es consultor de la OEA, el BID y Naciones Unidas.

Como parte de esa actividad se especializó en el estudio de sistemas y procesos electorales y, actualmente, es el representante regional para América latina del Instituto Internacional para la Democracia y la Asistencia Electoral (IDEA), con sede en Estocolmo.

En su reciente visita a la Argentina para disertar en el Seminario Internacional sobre Reforma Política, que organizaron en la Facultad de Derecho de la UBA la Cámara Nacional Electoral, la Asociación Argentina de Derecho Constitucional y la Sociedad Científica Argentina,criticó la interrupción de la prometida reforma política y señala el riesgo de escaparle a ese debate.

-La legislación argentina les reserva a los partidos el monopolio de las candidaturas.Pero, a fuerza de desengaños, hay un pensamiento muy difundido sobre la necesidad de promover candidaturas independientes.

-No hay democracia en el mundo que funcione sin partidos políticos. Puede haber matices, pero lo que se necesita es fortalecer a los partidos, no debilitarlos ni eliminarlos. Puede ser que a los argentinos no nos guste este sistema de partidos. Entonces hay que modificarlo, pero no se puede prescindir de tener alguno. La reforma política debe fortalecer los partidos pero, claro está, sin llegar al extremo de defender la partidocracia, porque la renovación de la política requiere también la integración de otras formas de representación y participación ciudadana, como lo señaló la Mesa de Diálogo. Hay que promover, incluso, las veedurías ciudadanas y un papel más activo de los medios en materia del control de financiamiento de los partidos, estableciendo canales de colaboración con los órganos de control.

-Esto tiene relación con la calidad de la democracia.

-La densidad de las organizaciones secundarias de la sociedad civil que incentivan un alto grado de participación social constituye un elemento importante para la estabilidad democrática. La calidad de la democracia depende de la calidad de las instituciones, de la cultura política de los ciudadanos y de la posibilidad de construir un liderazgo.Actuar sobre las instituciones no alcanza si no se actúa sobre los valores.

-Es mejor un proceso progresivo que una ruptura.

-Fíjese lo que ocurre en Venezuela. La democracia es un proceso de ensayo y error. Esta es la primera vez que América latina va a tener un proceso de 25 años de duración. La democracia se corrige con más democracia, no con antipolítica, ni con personalización de la política ni con partidos más débiles. Hay que preocuparse por fortalecer las instituciones. Como afirma Robert Dahl, las instituciones tienen un peso relativo en función del contexto en el que operan y cuentan más en los países de ingresos medios, como son la mayoría de los latinoamericanos, que en los países muy pobres o muy ricos.

-¿Cómo ve el proceso de reforma política en la Argentina?

-Sin lugar a dudas, es absolutamente insuficiente. Apenas se dieron los primeros pasos, con la sanción de las leyes de financiamiento, que no resuelven los problemas de control. La ley de internas abiertas también salió con muchos defectos y hubo que esperar a que un decreto aclarase que la Justicia Electoral tendrá una participación protagónica en el control de los comicios. La dirigencia sigue jugando peligrosamente al gatopardismo y los temas principales, que más interesan a la ciudadanía, quedaron afuera de la agenda. Además, la ley de financiamiento, para ser útil, debe satisfacer distintos requisitos. Debe garantizar la equidad de las contribuciones; debe resolver el problema de la transparencia de los aportes y establecer un equilibrio entre el financiamiento público, hecho por el Estado, y el privado.

-Hay otro aspecto, muy importante, que es la utilización de los fondos para financiar los partidos.

-En efecto, en muchos países el dinero recaudado se utiliza para financiar campañas políticas, cuando lo correcto es usarlo, también, con otros fines, como capacitar dirigentes. En cambio, luego de un estudio comparado de 18 países de América latina, llegué a la conclusión de que los partidos de la región gastan entre el 40 y el 70 por ciento de sus fondos en televisión.

-La televisión está cambiando la política y la forma de vivir la democracia.

-Debido a la videopolítica, como la llamó Sartori, los partidos dependen cada vez más, para hacer campaña, de la televisión. Si a esto se le suma el uso de consultores, encuestas, focus groups, etcétera, los gastos electorales de cada agrupación crecen en forma exponencial, al mismo tiempo que sus ingresos por mecanismos tradicionales disminuyen. Entonces, como el financiamiento público no les alcanza para cubrir ese déficit, muchos caen en el financiamiento ilegal. Ahora, incluso, la televisión satelital, que se produce fuera de las fronteras nacionales, deja al Estado desprovisto de métodos de fiscalización oportunos. Existe la percepción entre la gente de que el dinero es todo. Como decía con descarado cinismo Carlos Hank, ex ministro de Carlos Salinas de Gortari, "un político pobre es un pobre político". Al margen de esto, le comento que México tiene, a nivel regional, uno de los promedios más altos de gastos de los partidos. En los comicios de 2000 se gastaron 322 millones de dólares, contra 1348 millones en las elecciones de ese año en los Estados Unidos, y el gasto total neto de los partidos por elector es más alto en México.

-Volvamos al problema de la corrupción.

-Sí, su solución no se logra sólo con leyes si la dirigencia no colabora con las instituciones. Por ejemplo, Colombia quiso avanzar más que México y pretendió establecer exclusivamente el financiamiento público, pero la reforma fracasó. Como reacción al escándalo por el ingreso de narcodólares en la campaña de Samper, durante la presidencia de Pastrana se intentó en tres ocasiones aprobar una reforma política para solucionar el tema. Pero la reforma fracasó, por la resistencia de una clase política bastante corrompida y Uribe (presidente electo por entonces) adelantó que la reducción del costo de la política sería una de sus prioridades.

-Otro de los problemas que se plantearon en la Argentina es la organización de las elecciones y su control. Ahora se harán internas abiertas y la Cámara Nacional Electoral reclamó tener plena fiscalización, porque allí temen que una intervención menguada lleve a convalidar algún fraude.

-El verdadero talón de Aquiles del sistema es cómo funciona el organismo de control de los comicios y del financiamiento. En la Argentina, la organización de las elecciones siempre estuvo a cargo del Poder Ejecutivo, mientras que el control, incluso de las finanzas partidarias, y la solución de los conflictos queda en manos de los jueces. En otros países de la región, el sistema es distinto. En 11 países de la región, la fiscalización del financiamiento está a cargo de un organismo electoral, con mayor o menor autonomía. El caso de México es valioso.Allí funciona el Instituto Federal Electoral (IFE), un organismo cuyos integrantes son elegidos por el Parlamento, por una mayoría calificada, pero que a pesar de esto conserva plena autonomía y trabaja muy seriamente. En otros países, la organización y control de las elecciones está a cargo de un tribunal especializado, como ocurre en Uruguay y Costa Rica, por ejemplo. En realidad, ningún modelo es mejor que el otro. Depende de cada país. A mí me parecen buenos el modelo chileno o el de México.Pero la nueva ley argentina mantiene el sistema tradicional que siempre funcionó muy bien en este país y pone el control a cargo de la Cámara Nacional Electoral y de los jueces.Por eso no hay que cambiar nada al respecto, sino fortalecerlo.

-A muchos argentinos nos queda el mal sabor de tener que votar, en las próximas elecciones, con un sistema de lista bloqueada (sábana). Es una elección ciega, que les permite ingresar en el Congreso Nacional a legisladores que nadie conoce.

-El sistema electoral siempre es la conversión de votos en escaños. No hay un sistema ideal, y para optar por uno u otro hay que tener en cuenta si se desea proteger más la representación o la gobernabilidad. El mejor sistema es el adecuado para cada país. Además, deben advertir que en América latina, en los hechos, se viró hacia sistemas presidenciales de coalición, con apoyo en acuerdos parlamentarios. De todas maneras, no hay que perder de vista que las crisis políticas profundas no se resuelven con meros cambios del sistema electoral. La Argentina debe encarar una reforma refundacional, para recuperar la confianza de la gente en la política, como lo fue, en 1912, la ley Sáenz Peña. Pero vuelvo a la idea central: la democracia es capaz de corregirse a sí misma, a condición de que sus problemas se resuelvan con más democracia, no con menos. El desprestigio de la política, aunado al incremento de la antipolítica y la aparición de outsiders, deslegitima la democracia, produce un aumento de los votos en blanco y nulos, y un incremento del abstencionismo, un fenómeno que no sólo se da en la Argentina, sino también en Colombia, El Salvador, Guatemala, Haití, Venezuela y Costa Rica, para citar los casos más recientes.

Por Adrián Ventura
De la Redacción de LA NACION (http://www.lanacion.com.ar)


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