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América Latina: Balance Electoral 2002

Por Daniel Zovatto y Julio Burdman1

CONCLUSIONES

En general, los diferentes procesos electorales muestran signos inequívocos de los efectos de la crisis económica y política de la región. El desapego de las opciones partidarias tradicionales y la opción por nuevas fuerzas, parece ser una de las principales características de los procesos políticos latinoamericanos. Una mezcla de "voto castigo" con frustración parece prevalecer en la actitud de la ciudadanía, lo cual, en algunos casos, ha generado resultados imprevisibles, tanto para los procesos democráticos como para el mantenimiento de la gobernabilidad una vez celebradas las elecciones42 .

En Bolivia y Ecuador, el elemento étnico tomó una relevancia inédita en las elecciones. Nada hacía pensar que Evo Morales, líder de los campesinos cocaleros, podía alcanzar la segunda posición en Bolivia, y pocos esperaban que Lucio Gutiérrez, un ex militar golpista de corte izquierdista y populista, triunfara en Ecuador. En ambos casos, los movimientos indígenas están, en buena medida, en la base del éxito electoral de los candidatos. La etno-política, otrora tan ausente en los procesos electorales latinoamericanos, alcanza una posición definitoria en esos países. En ambos casos se evidencia que los "castigados" por la población fueron los políticos "tradicionales" que antes constituían el núcleo del sistema. En Ecuador, Gutiérrez no sólo era un candidato nuevo frente a la clase política "tradicional", sino también se había ganado una reputación de proximidad con el pueblo a raíz de su participación en el golpe de estado contra Jamil Mahuad en enero de 2000. Su triunfo se explica en la decepción de una población que no ha visto crecimiento económico con los gobiernos de los partidos tradicionales (60% de la población bajo la línea de pobreza), y en la esperanza de que un líder cercano a las masas atienda sus necesidades económicas y sociales.

En Bolivia, el espacio de oposición a los partidos que durante dos décadas condujeron el gobierno nacional -intermitentemente ocupado por partidos fugaces como CONDEPA o UCS-, queda ahora en manos de grupos que apelan a las raíces más profundas de la población, mayoritariamente mestiza e indígena. En el contexto de un importante activismo de los grupos originarios aymará y quechua, la protesta -al mismo tiempo étnica, social y campesina-cocalera- se convirtió en apuesta política. A partir de estas elecciones, el anterior sistema de partidos boliviano, basado en un trípode constituido por el MNR, el MIR y ADN, alrededor del cual se armaron todas las anteriores coaliciones gubernamentales, da paso a un escenario incierto. Cuatro partidos con una fuerza electoral similar -dos "tradicionales" y otros dos "emergentes", el MAS de Evo Morales y el NFR de Manfred Reyes Villa43 - constituyen un nuevo desafío a la gobernabilidad.

En Brasil, la victoria electoral de Lula refleja un cambio importante en la actitud y las prioridades de la ciudadanía. Si bien el candidato forjó alianzas con sectores de centro y de derecha para opacar las dudas y desconfianza en su candidatura de origen izquierdista -y para convertir su persistente proyecto presidencial en una coalición electoral mayoritaria-, lo cierto es que la población apostó no tanto al crecimiento económico como a la esperanza de obtener soluciones de corte social. Su discurso, enfocado en la lucha para la reducción de la pobreza, la eliminación de la desigualdad social y contra el hambre, incidió positivamente en una población agobiada por los problemas sociales y económicos. En otro orden, cabe destacar que la victoria electoral de la izquierda en Brasil puede haber cambiado la percepción popular sobre las perspectivas de la izquierda en América Latina, como sostiene Paramio44 .

Colombia llevó al poder, en una primera ronda electoral, a un candidato disidente del Partido Liberal, una de las dos fuerzas históricas que modelaron la vida política nacional. Álvaro Uribe se presentó como un candidato fuerte dispuesto a enfrentar a la guerrilla, luego de que su predecesor fracasara en los intentos de lograr una solución negociada a la actividad armada. El caso colombiano es un ejemplo de frustración política de una población agobiada por un conflicto bélico que daña no sólo la economía del país, sino también la paz diaria de cada ciudadano, y que no pudo ser resuelto por los gobiernos precedentes. Los resultados de las elecciones parlamentarias, celebradas dos meses antes de las presidenciales, tampoco favorecieron a los partidos tradicionales, que desde ese entonces sufrieron la pérdida de gran parte del apoyo recibido en anteriores elecciones. Muchos de los candidatos liberales y conservadores simpatizaron con el presidenciable disidente o utilizaron la estrategia de autoproclamarse candidatos independientes. Por su parte, al conservatismo tampoco le fue bien, ya que la división interna no permitió canalización de sólidos apoyos a su representante.

Los resultados electorales Costa Rica son otro ejemplo del desgaste de los partidos políticos tradicionales y de la creciente apatía de la ciudadanía hacia la política nacional. Aún sin haber llegado a la presidencia, el virtual triunfador electoral fue Ottón Solís, un candidato disidente de una de las dos principales fuerzas políticas del país, el Partido Liberación Nacional. Esta tercera fuerza emergente, Partido Acción Ciudadana, aglutinó más del 25% de los votos, ocasionando una importante pérdida de electores para los dos partidos tradicionales y generando una nueva composición parlamentaria, con altos niveles de fragmentación. De igual forma, producto de la dispersión del voto, por primera vez en la historia el electorado costarricense tuvo que acudir a una segunda ronda electoral para definir al presidente, siendo electo el candidato del Partido Unidad Social Cristiana, Abel Pacheco. El Partido Liberación Nacional fue el gran perdedor del proceso. Costa Rica celebró también, por primera vez en su historia, un proceso electoral para escoger a sus autoridades locales en forma separada de las presidenciales. La apatía y el desinterés prevalecieron, tanto durante la campaña como el día de la votación, lo que se evidenció en el alto nivel de abstención, el mayor de su historia electoral. En el aspecto logístico, este proceso se caracterizó por la puesta en práctica de un plan piloto para la aplicación del voto electrónico.

Las elecciones regionales en Perú implicaron la adaptación de la organización electoral a una nueva Ley de Regionalización que, además de modificar la conformación político-administrativa del país y la elección de gobernantes regionales, delega mayores facultades administrativas y presupuestarias en cada región. La elección se caracterizó por un alto grado de participación, una significativa dispersión del voto y por situar al partido político gobernante como perdedor, al triunfar en sólo una de las 25 nuevas regiones. El aprismo podría considerarse el ganador aparente del proceso, al ganar doce regiones, aunque en rigor obtuvo menos votos que en las elecciones anteriores.

En las elecciones legislativas y municipales de la República Dominicana destacan dos aspectos importantes: los resultados electorales evidencian la crisis del PRSC, agudizada tras la muerte del caudillo Joaquín Balaguer, ocurrida en el 2002. Por su parte, el gobernante PRD se consolida como la agrupación más importante del país. En el área de la logística electoral, destacó el uso, por vez primera, de un sistema de boleta cerrada pero desbloqueada, instaurándose así el ejercicio del voto preferencial.

Finalmente, en las elecciones regionales de Nicaragua, la principal característica fue el activismo de grupos indigenistas. Estas elecciones estuvieron marcadas por una alta abstención y por los efectos de la crisis institucional del Consejo Supremo Electoral, la que se reflejó en la organización y desarrollo de los comicios.

Un análisis de los procesos electorales en su conjunto, permite destacar las siguientes características: En términos de participación electoral, con excepción de Nicaragua y Costa Rica, éste último principalmente en las elecciones municipales, ninguno de los países presentó descensos importantes en la participación. Colombia, que se ha caracterizado por sus altos niveles de abstención, tuvo una participación baja (42.9% en las elecciones parlamentarias y 46.5% en las presidenciales), pero un poco mayor al promedio registrado en los últimos procesos electorales (44% en presidenciales y 41% en legislativas). Brasil, Bolivia y República Dominicana presentaron índices de participación similares a su promedio histórico, con diferencias que no superan los dos puntos porcentuales. Igual comportamiento tuvo Perú, con un buen nivel de participación (alrededor de 80%). En Ecuador, si bien hubo un descenso de la participación en la primera ronda electoral respecto a anteriores elecciones, la tendencia se revirtió en la segunda vuelta, cuando se volvió al índice histórico.

PAIS TIPO DE ELECCIÓN PARTICIPACIÓN
ELECTORAL 2002
(%)
Bolivia Generales 30 junio 72
Brasil Generales (I Vuelta) 6 octubre
Presidencial (II Vuelta) 27 octubre
82
80
Colombia Legislativas 10 marzo
Presidenciales 26 mayo
43
46
Costa Rica Generales (I Vuelta) 3 febrero
Presidenciales (II Vuelta) 7 abril
Municipales 1 diciembre
69
61
23
Ecuador Generales (I Vuelta) 20 octubre
Presidenciales (II Vuelta) noviembre
65
71
Perú Regionales, provinciales y municipales 17 noviembre 83
República Dominicana Legislativas y municipales 16 mayo 51

El ballotage fue la norma en casi todas las elecciones presidenciales. Colombia fue la única excepción, al ser electo Uribe en la primera vuelta. En Costa Rica, el surgimiento de una tercera fuerza emergente, que aglutinó un importante porcentaje de la votación, impidió a los partidos más fuertes obtener el porcentaje requerido para ganar en la primera ronda, celebrándose por primera vez en este país una segunda vuelta. En Bolivia, dadas las características del sistema electoral, la elección del presidente recayó en el Congreso, al no haber obtenido ningún candidato el porcentaje requerido para ser electo en los comicios populares. Ecuador y Brasil también acudieron a segundas vueltas para elegir a sus presidentes. En todos los casos citados llegó a la presidencia el candidato que había obtenido el primer lugar en la votación de la primera vuelta.

Con excepción del caso brasileño, en todas las elecciones presidenciales hubo fuerte presencia de fuerzas electorales nuevas, distanciadas de los partidos tradicionales. Como se indicó anteriormente, nuevos grupos emergentes captaron el voto de grandes sectores del electorado, que depositaron su confianza y, sobre todo, sus esperanzas, en figuras alejadas de la política tradicional. Tales fueron los casos de Ecuador, Bolivia, Colombia y Costa Rica. Aunque no en todos ellos la presencia de nuevas figuras políticas implicó un triunfo electoral, los resultados marcaron nuevos esquemas partidarios, fragmentación de congresos, y nuevos retos para la gobernabilidad.

La fragmentación de la representación partidaria en los congresos ha sido uno de los principales resultados de las elecciones celebradas en 2002. En Costa Rica el Poder Legislativo quedó dividido en torno a tres partidos con similar número de congresistas, y un partido menor pero con un importante peso en términos de negociación política. En Ecuador el partido de gobierno no obtuvo mayoría y son las fuerzas políticas tradicionales las que controlan el Parlamento, lo que implica un serio reto para el Poder Ejecutivo, dado su déficit de autoridad política.

En Brasil, un país habituado a parlamentos atomizados y dispares situaciones regionales, el triunfo de Lula tampoco se reflejó en una fuerte presencia de su partido en el Congreso o las gobernaciones, lo que demandó y demandará alianzas y entendimientos con todo el arco político, desde las otras fuerzas de izquierda hasta el centro-derecha. Iguales características se presentan en Colombia y Bolivia, este último con un peso importante peso del factor étnico en la composición parlamentaria. En términos de alternancia en el poder, vale destacar que, salvo en Costa Rica, en todos los casos de elección presidencial se produjo un cambio en el partido de gobierno.

En síntesis, menores niveles de participación electoral en muchos países, respaldo ciudadano a nuevas candidaturas y partidos, disminución de apoyo a los partidos tradicionales, dobles vueltas presidenciales y resultados que generan gobiernos fragmentados, son, entre otras, las principales características de las elecciones celebradas durante este año. Estas tendencias no pueden desvincularse de la decepción colectiva con el desempeño de la democracia y sus instituciones, pues han sido muchos los gobiernos de nuestros países que han fracasado a la hora de promover el crecimiento económico o la inclusión social; contribuyendo a generar una fuerte sensación de frustración con la política.

Este mismo fracaso explica en gran medida el deterioro de las capacidades articulatorias y representativas de los partidos, los grandes perdedores de la política latinoamericana de los últimos años. A partir de su debilidad y pérdida de legitimidad, se abre el espacio político a los "independientes" que buscan diferenciarse de los partidos tradicionales, y que no necesariamente logran crear instituciones políticas perdurables, planteando un nuevo y grave problema para el desarrollo democrático regional. El análisis individual de los procesos electorales celebrados durante 2002 muestra muchas de las aristas y todas las particularidades de estas nuevas realidades políticas latinoamericanas. Habrá que ver si las nuevas ofertas políticas que acceden al poder logran constituirse en verdaderas alternativas para la sostenibilidad democrática en la región.