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REPÚBLICA ORIENTAL DEL URUGUAY: Análisis Últimos artículos

"La ilusión óptica es que a la izquierda se le complicó el panorama"
Entrevista al analista político uruguayo, Oscar Bottinelli
[2 de Julio de 2004]

¿Cómo ha quedado el escenario preelectoral después de las elecciones internas del domingo pasado? Los resultados fueron, en cierta forma, los previstos por las encuestas...

Digamos que sí. En primer lugar, estas elecciones tienen una particularidad. Nosotros vivimos un ciclo electoral consecutivo de tres elecciones: estas internas o primarias, luego las nacionales y otra eventual que es el ballotage si el partido del candidato más votado a en la elección nacional no supera el 50% del total de los votantes. Es decir, el ballotage en Uruguay no es como en Argentina que basta con el 45%, sino que necesita superar el 50%.

Aunque las elecciones son obligatorias, estas elecciones internas que se realizaron el domingo tienen como primera característica que el voto es voluntario, y como segunda, la obligatoriedad de la comparecencia de todos los partidos: el partido que no se presenta a esta elección primaria no puede continuar el ciclo electoral. Y que sea voluntaria es un dato importante ya que normalmente con voto obligatorio vota el 93% del padrón -que equivale prácticamente al 100% porque eso que falta es la gente que vive fuera del país- e incluso, probablemente en esta elección nacional que va a ser el 31 de octubre vote el 90% porque hay un poco más de gente fuera del país...

Eso es un índice de participación altísimo en comparación a lo que está pasando en el resto de los países latinoamericanos...

Uruguay tiene tradicionalmente una tasa muy alta de votación. La tuvo a lo largo de todo el siglo XX. Pero ahora, para la elección interna, el índice de participación fue del 45% del padrón, más o menos la mitad de los que viven en Uruguay. Este es un primer dato porque, incluso, fue un poco menos que en las elecciones internas del año 1999 que fue la primera vez que se experimentó este sistema.

No fue desigual la comparecencia de los tres partidos. Por un lado, desde la izquierda, la interna en el Frente Amplio realmente fue una competencia simbólica que no tenía elección interna real ya que tenía candidato único. Hizo una competencia entre todos sus sectores sin que esa competencia tuviera otro valor más allá que el simbólico porque no se definían las listas en la Cámara de Senadores ni en la Cámara de Diputados...

¿Esto favoreció o perjudicó al Frente de Tabaré Vázquez?

A mi juicio el Frente comete el error de llamar a toda su gente a votar diciendo "este es un plebiscito para demostrar la fuerza que tenemos". Y en las encuestas para octubre la fuerza que tiene el Frente Amplio está entre el 46% y el 49%. En nuestras encuestas da el 49%, lo cual está prácticamente al borde de ganar en primera vuelta con mayoría absoluta. Pero en estas internas no fue a votar el 49 % y saca sólo los votos de los que fueron a votar, un 42%: fue el partido que tuvo más cantidad de gente que se quedó en su casa, algo lógico porque la interna era muy poco competitiva.

Es que estaba claro que era simbólica...

Pero si uno a lo simbólico le da un valor real y dice "vamos a transformarlo en plebiscito y vamos a demostrar que somos la mayoría del país", si los resultados dan que no son la mayoría, pierden. Y ese es el gran error que cometió la izquierda: ponerse una meta que nadie le estaba exigiendo. Algo curioso que yo califico como un acto de soberbia, como un acto de autosuficiencia de creer que eran más fáciles las cosas de lo que eran.

Pasando al Partido Nacional, si bien se esperaba un triunfo de Larrañaga, creo que fue más importante de lo previsto.

Ese es el otro eje importante. El Partido Nacional, que hace un año tenía el 15% de intención de voto, creció espectacularmente con una muy buena competencia interna: con un ala más de derecha y de liberalismo económico, priorizada por el ex presidente Lacalle, y otro ala más progresista, encabezado por el senador y ex gobernante del Departamento de Paysandú, Jorge Larrañaga. Esta competencia potenció al Partido Nacional.

Y lo potenció al extremo siguiente: los dos candidatos fueron creciendo en votos al punto que habían aumentado el electorado una vez y media. Y el ganador lo había aumentado más de dos veces. El Partido Nacional, que originalmente había tenido el 15% ya superaba el 30% en las encuestas, y con voto voluntario y gente que se quedó en su casa obtuvo el 40 %. Entonces, el Frente Amplio sacó el 42% y el Partido Nacional el 40%. Un año atrás, el Frente estaba en 50% y el Nacional en el 15%. Es decir, la ilusión óptica, por lo menos, es que a la izquierda se le complicó el panorama.

¿Se puede pensar que si fuesen a una segunda vuelta en noviembre allí sí estaría verdaderamente complicada la izquierda?, porque no me imagino ni a los colorados ni a parte de los blancos volcando su voto a Tabaré.

Los colorados obtuvieron, dentro de lo esperado, un 15%, que es lo que viene desde la gran crisis que tuvimos en el 2002. Sumando al Partido Nacional nos da un 55%, lo cual ya diría que gana Larrañaga y no Vázquez.

Ahora bien, el otro tema que tenemos que hablar es del Partido Nacional. Allí Larrañaga es una figura que logró posicionarse como segunda figura. Ya en 2000 logró mantenerse sostenidamente, lo cual implicó que dejó sin espacio a todos los demás candidatos y, en definitiva, todos los demás eran "quién podrá desafiar a Lacalle". Y al final, todos se plegaron a Larrañaga. Luego se generó una gran oleada de opinión pública y confianza extraordinaria que terminó duplicando a Lacalle. Porque después de haber ido atrás hasta el mes de diciembre, Larrañaga lo iguala a principios de marzo, lo supera a fines de marzo y termina por duplicarlo prácticamente.

Se ha transformado en un gran fenómeno de opinión pública y en un gran fenómeno electoral, con una característica: es el candidato más joven, tiene 45 años, cuando todo el resto de los candidatos uruguayos están entre los 64 y 69 años. Entonces aparece como un candidato extremadamente joven para Uruguay, que es un país muy envejecido. Esto ha cambiado mucho el panorama.

¿Qué debemos esperar para los meses siguientes en cuanto a la evolución de los dos candidatos más fuertes?

Esperemos las encuestas que vengan ahora en julio, porque una cosa es una elección con voto voluntario donde el Partido Nacional tenía muchísima competencia interna y el Frente Amplio ausencia de competencia y era totalmente simbólica, y otra cosa es ahora cuando ya cada uno de los partidos tiene un candidato único, todos tienen el mismo nivel de competencia y va a votar la totalidad del electorado.

Probablemente el Frente Amplio siga muy cerca de la mayoría absoluta y el Partido Nacional debajo de lo que obtuvo el 27 de junio. Pero lo cierto es que los blancos salieron muy potenciados y con muchísimo entusiasmo.

Por otra parte, el Frente Amplio sufre un golpe: desde mediados de 2002 hasta hace muy poco, yo diría hasta antes del 27 de junio, había algo casi inexorable, y era que en Uruguay, el 1º de marzo Batlle le entregaba la banda presidencial a Tabaré Vázquez, y todo el mundo lo que discutía era cómo debe ser el próximo gobierno, qué riesgos había, qué expectativas y cómo iba a ser, sobre todo, la correlación interna dentro del Frente Amplio. Es decir, qué grupos iban a pesar más y qué grupos iban a pesar menos.

Hoy ya hay sectores muy importantes del país que tienen expectativa que haya ballotage. Ya no hay una elección resuelta el 31 de octubre y que además de ballotage puede perder Tabaré Vázquez. Es la primera vez que en Uruguay desde el período del 2002 aparece la primer duda sobre esa apuesta tan inexorable de que Tabaré ganara.

¿A Tabaré lo favorecieron algunos temas de contexto internacional? Lo pregunto recordando aquel episodio cuando él estuvo con Lula y Kirchner...

Creo que no jugó demasiado a favor el contexto internacional. Jugó en el sentido de que no era un gobernante exótico de izquierda que iba a estar en medio de una región de gobiernos liberales, por ejemplo.

Por otra parte, no olvidemos que en relación a Lula había grandes temores y finalmente Lula termina siendo un gobernante aceptado por todo el sistema económico brasileño. Pero no creo que los resultados ni a favor ni en contra ni de Lula ni de Kirchner lo hayan favorecido demasiado, ni perjudicado tampoco. Incluso el momento en el que el presidente Kirchner se vuelca demasiado a gestos confrontacionales, como por ejemplo el de la ESMA, más bien a Vázquez eso lo perjudicaba.

No olvidemos dos cosas. En primer lugar, como cosa general en Uruguay, si bien se sabe que hay algunas cosas del pasado que aún quedan pendientes, tienen que ver con esclarecimientos de destinos de detenidos desaparecidos y nada más; acá no hay un tema de juzgamientos. Y en segundo lugar, en el tema endeudamiento externo, no le sirve mucho el tema Kirchner o Argentina en general, porque le complica un poco el panorama en el momento que Vázquez está afirmando permanentemente que Uruguay va a cumplir religiosamente el pago de la deuda externa y que va a cumplir la renegociación que hizo con la deuda que pactó y con las tasas que pactó. Entonces, el que se hable de no pagos o el que se hable de quitas, etc, no lo favorece porque él está dando una línea totalmente distinta en la que Uruguay va a seguir defendiendo a raja tabla su historial de un país que nunca dejó de pagar la totalidad de su deuda externa.

Suponiendo que gane Tabaré o que finalmente gane Larrañaga, si tuviésemos que manejar estas dos hipótesis, ¿qué deberíamos esperar de uno y de otro? Tanto en el aspecto de política económica, relaciones internacionales, etc.

Ubiquémonos primero en el contexto uruguayo, que es muy diferente al de Argentina. En Uruguay es impensable una propuesta de no respeto a los contratos. Digo, nunca estuvo en la discusión, en la agenda pública, el decir no se van a respetar los contratos, se van a anular, no se va a pagar la deuda, no se van a pagar los bonos: Esas cosas que en Argentina se discuten, por ejemplo, en Uruguay no.

A partir de ahí, lo que hicieron la izquierda y Tabaré Vázquez frente a sus adversarios que le atribuían que podía introducir en Uruguay ese tipo de elementos, fue salir al cruce a decir: "De ninguna manera. Nosotros vamos a respetar absolutamente todo. No vamos a introducir ningún tipo de modificaciones, no vamos a dejar de cumplir todas las obligaciones que asumió el estado uruguayo".

Como objetivo de fondo, dice Tabaré, queremos un gran cambio en la sociedad, una ataque a la pobreza, un mejoramiento de las condiciones de vida, terminar con las políticas neoliberales, proteger la industria nacional. Ese es el objetivo y es algo que lleva muchos años lograrlo. Por ejemplo, el otro día declaró explícitamente al salir de una reunión con el movimiento sindical, que no va a haber salariazo y que nadie espere un gran aumento de salarios cuando asuman el gobierno. Es decir, maneja la idea de que nadie espere milagros los primeros años. No va a haber ningún gesto de medidas que busquen el aplauso rápido y eso es lo que él está señalando.

Bueno, interesante esa propuesta, ¿no?

Además está señalando que el gasto público no va a aumentar para que Uruguay pueda tener el superhábit presupuestario que necesita. Lo que dice es que se va a reorientar el gasto para que se use de otra manera y que vaya sobre todo a la niñez carenciada y la extrema pobreza.

¿Y qué hay que esperar si gana Larrañaga? Porque ahora es una posibilidad que no podemos descartar.

Es una posibilidad, todavía menor, pero ya no es una posibilidad descartable. Todavía hay que ver como ajusta más su programa, pero diría que en esencia no aparece un programa sustancialmente diferente. Quizás el de Larrañaga tenga un poco más énfasis en el interior del país, un poco más énfasis en el tema rural, en el tema de la producción agraria. Los dos candidatos coinciden en retomar el viejo sistema que en Uruguay se denomina de "consejo de salarios", es decir, consejos por ramas de actividades que son elegidos, integrados por empresarios, trabajadores y el gobierno, que fijan los salarios para todas las actividades. Y en esto están de acuerdo ambos. No aparecen diferencias demasiado fuertes.

Todo indica que la campaña electoral no va a transcurrir en la confrontación de dos modelos, sino más bien en confrontación de quién es más creíble. La izquierda acusando a Larrañaga de que en el fondo él va a terminar sirviendo a la derecha porque detrás suyo van a estar el ex presidente Lacalle, el ex presidente Sanguinetti, el actual presidente Batlle; y Larrañaga va a acusar a Vázquez de que va a ser tironeado por los sectores más radicales, por los ex guerrilleros y por los marxistas que lo van a llevar a posiciones más de izquierda. Pero estimo que los dos se van a ubicar en un mismo meridiano de centro.

Entrevista de Norma Domínguez


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