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Resultados de las Elecciones Presidenciales en Guatemala
29 de Diciembre de 2003 (leer)

"Sé que fracasé en el tema de la corrupción"
Entrevista al Presidente de la República de Guatemala, Alfonso Portillo
[03 de Junio de 2003]

A poco más de seis meses de la elecciones presidenciales en Guatemala, ¿cómo definiría hoy la situación del país que gobierna?

Guatemala se ha caracterizado, durante todo el Siglo XX, de tener procesos electorales muy "sui géneris", muy especiales, no sólo determinados por las circunstancias internacionales, sino también por las asignaturas que tenemos pendientes tanto en el campo económico como social, y hoy es uno de esos procesos electorales, muy interesante, porque va a haber muchos candidatos.


Alfonso Portillo: "Nadie discute que la Constitución de la República fue hecha para impedir la elección del general Ríos Montt. Eso es una aberración jurídica, política y moral"

Calculo que tendremos unos veinte candidatos a la presidencia, y se perfilan tres partidos: El partido oficial -que siempre tiene su cuota de participación en un proceso electoral, tan difícil para el oficialismo-; el Partido de Avanzada Nacional (PAN), que es el partido al que yo le gané las elecciones, pero que tiene estructura en el todo el país, una buena bancada y todavía no ha definido candidato; y una tercera opción, que es fuerte, y que es la encabezada por el señor Oscar Berger (que fue el que compitió conmigo) que arma una alianza de partidos pequeños donde él es un candidato con cierto posicionamiento en el electorado. Creo que alrededor de estas fuerzas va a estar el juego electoral.

La convocatoria a las elecciones se hizo tardíamente, el 15 de mayo, pero todavía no vemos esa ebullición que se da en los procesos electorales.

Aunque por las noticias de los últimos días pareciera haber empezado una campaña un poco más acelerada, todavía creo que hay incertidumbre y considero que nadie puede asegurar quién va a ser el próximo Presidente de Guatemala.

Hábleme de Ríos Montt...

Usted sabe que yo llegué a la presidencia por haber hecho una alianza política con él. Yo venía del grupo integrado por social demócratas, demócratas cristianos y la izquierda democrática. En el Congreso nos conocimos siendo diputados los dos, e hicimos una alianza en 1995 en la cual el partido me postula a mi en la Presidencia de la República, y en esa ocasión no llegamos, pero llegamos en el año 2000.

Creo que es la persona más controversial y también el personaje más interesante de la historia política de Guatemala. Él empezó en 1973; ese año gana una elección como no la ha ganado ningún candidato en la historia (sacó el 72% de los votos) pero se le cometió fraude electoral y fue sacado al exilio, aunque regresó posteriormente. Pero desde esa fecha hasta hoy, 30 años después, el general Ríos Montt ha sido y ha estado en el centro del debate político del país.

Lógicamente es un hombre con un pasado que es muy señalado, muy cuestionado, pero tiene un liderazgo indiscutible en el país, que si hoy el Tribunal Supremo Electoral lo inscribe, es una carta muy fuerte para las elecciones de noviembre.

Yo, como Presidente, tengo que reconocerle que los pocos cambios que hemos hecho en la estructura fiscal, financiera, económica, educativa y laboral, si no hubiera sido por el liderazgo de un hombre como él, que ha sido cinco años Presidente del Congreso, no hubiéramos podido concretarlos.

Creo que es un hombre nacionalista. Un hombre que entiende lo que está pasando en el mundo y lo que está pasando en Guatemala. Sin embargo, lógicamente, tiene sus enemigos, sus adversarios políticos y, aunque está muy cuestionado para los comicios, para el país es una carta muy fuerte en términos electorales.

¿Qué opina de las declaraciones que ha hecho Estados Unidos de cómo se afectarían las relaciones bilaterales con Guatemala si Ríos Montt finalmente se presentase como candidato a la presidencia?

Creo que es un prejuicio. Los Estados Unidos tienen un Departamento de Estado y tienen una historia diplomática que se ha caracterizado por ser muy institucional, sobre todo en los últimos años. No hablemos de cuando la política de Washington era una intromisión directa y agresiva en contra de Guatemala: no olvide que los guatemaltecos tenemos en nuestro recuerdo la intervención norteamericana de 1954, algo que nos sigue pesando hoy.

Entonces, pienso que quienes han declarado eso, han hablado con un prejuicio y con una clara intención de influir en el panorama político guatemalteco y creo que eso, con todo respeto, es inadmisible.

Considero que, a pesar de que entendemos lo que significa la globalización, la interdependencia, debemos respetar la soberanía de los pueblos. Y creo que si en Guatemala el pueblo tiene opción de elegir entre distintos candidatos sin ninguna proscripción, sin ninguna exclusión, sin temor, con toda libertad, creo que es el pueblo el que debe decidir quién será su Presidente. No puede ser que un país de afuera diga quién puede ser candidato y quien no puede serlo; para eso tenemos un país soberano, un país con nuestra propia legislación, con nuestra propia constitución, con nuestras propias autoridades. Entonces, serán las autoridades de Guatemala y el pueblo quien decida quién será el próximo Presidente.

No olvide que yo soy el primer Presidente que participa en una elección en que no está excluida la izquierda. Por primera vez participa la izquierda representada electoralmente y no hay proscripción de ninguna naturaleza. ¿Por qué vamos a impedir que el pueblo elija con libertad? El punto, esencialmente, es democrático, de fortalecimiento del sistema político.

¿El problema es la Ley Electoral?

Hemos querido reformar la Ley Electoral y no hemos podido porque tiene que pasar por mayoría calificada. Pero por no haber aprobado esa Ley Electoral todavía tenemos un sistema político cerrado, concentrado, monopolizado por los partidos, que nos va a hacer daño más adelante. Lo que necesitamos es abrir las compuertas que están impidiendo fortalecer la democracia y que la gente participe con más libertad.

¿Cuáles son esas compuertas? Explíqueme cuáles son las críticas que le hace al sistema electoral guatemalteco...

En primer lugar, nadie discute que la Constitución de la República fue hecha para impedir la elección del general Ríos Montt. Eso es una aberración jurídica, política y moral. En ningún país del mundo se puede hacer una Constitución para evitar que alguien sea candidato presidencial, y esa Constitución se hizo y hay que reformarla.

Segundo, la Ley Electoral permite que los partidos monopolicen los puestos de elección popular. Considero que hay que abrirlos más para que los comités cívicos puedan lanzar candidatos a diputados.

Tercero, un gran problema que tenemos todos en América Latina, es el financiamiento de los partidos políticos. Yo fui muy cuestionado por cómo financié mi campaña, y también lo fueron muchos candidatos y presidentes, pero es porque no hay reglas claras sobre cómo se va a financiar. Hoy lo que estamos viendo en Latinoamérica es que los grupos poderosos, los poderes fácticos, están creando partidos a través de representantes o "pseudo líderes" para seguir ejerciendo poder y para seguir controlando el Estado.

Como producto de los Acuerdos de Paz, vienen un sinnúmero de reformas a la Ley Electoral que ya están en primera lectura en el Congreso y tienen dictamen favorable de la Comisión Constitucional, pero que no han pasado porque se necesita mayoría calificada. Eso nos va a impedir tener elecciones más abiertas, más competidas, más transparentes y más creíbles.

¿Por qué cree que se hace tanto esfuerzo en impedir que Ríos Montt se presente como candidato? ¿No cree que es porque se lo acusa de ser un "genocida"?

Hay una suposición en América Latina y es que los políticos somos hombres extraordinarios. ¡Y eso es mentira! Nosotros somos igualitos que todos los demás seres humanos, con los mismos defectos, con los mismos complejos, con todos los problemas de una persona. Entonces, que no nos crean a los políticos con capacidades extraordinarias porque los errores que vemos en un político son los errores que vemos en todos los seres humanos. Ahora, hay una cosa muy importante y es que en el político lo que debe hacerse es un balance, y no lo hemos hecho todavía.

No podemos juzgar a un político como "extraordinario" por un positivo que haya tenido, pero tampoco lo podemos juzgar "pésimamente" por un hecho negativo. Lo que vale es el balance de los positivos y de los negativos. Si el balance es negativo, pues ese político, lógicamente es negativo para el sistema político y para el país donde funciona. Pero si el balance es positivo, ese político debe tener vigencia y debe ser útil. Y de hecho, en el caso del general Ríos Montt, es útil para el país.

Sucede que el tema de Ríos Montt suena delicado...

Yo no soy juez para poder juzgar si el general realmente tuvo un papel protagónico en lo que se le señala de las masacres, de la eliminación física de aldeas, de arrasamiento de aldeas...

He conversado con él sobre ese tema y me ha dicho que jamás ha dado una orden de arrasar aldeas o masacrar gente.

Sí tenemos que reconocer que el ejército de Guatemala tuvo durante una época (parte de esa época estuvo asesorado por potencias extranjeras) una política contrainsurgente que nos hizo mucho daño y que nos significó una guerra fraticida en la que tuvimos 200 mil muertos y 60 mil desaparecidos.

Yo no puedo juzgarlo; que sean los tribunales. Y Ríos Montt dice que está dispuesto a ir a los tribunales para que se le juzgue por ese hecho que se le señala concretamente.

¿Cuáles son las cosas positivas que podrían hacer que Ríos Montt salga elegido si se presentase a las elecciones?

El general tiene en su acerbo grandes cosas positivas para el país. Primero, en 1982, cuando estuvo de Jefe de Estado, fue quien mandó el proyecto de construcción y establecimiento del Tribunal Supremo Electoral. Es él quien inicia el tercer intento democrático en Guatemala ese año. Con él se crean instituciones.

Como diputado, ha pasado las leyes más revolucionarias: si hacemos una lista, le podría mostrar treinta leyes (Ley de Desarrollo Social, Reforma al Código de Trabajo, Reforma al Código Municipal, Ley de Descentralización, Reforma Educativa, Ley de Idiomas (se acaba de aprobar en Guatemala una ley en la que se reconocen los idiomas de los pueblos indígenas, lo que es un hecho histórico), entre otras. Además, hemos iniciado un programa de resarcimiento de las víctimas del conflicto.

Estoy seguro que en el balance, el general tiene una posición positiva. Sino, ¿qué otra explicación tendría que la gente sigue votando por él?

¿Cómo lo ve la población indígena a Ríos Montt?

Lo más sorprendente e insospechado, es que el general tiene más votos mientras más población indígena hay en una localidad. Es la población indígena la que sigue creyendo en él. ¿Por qué? Yo le he preguntado a mucha gente, "¿Acaso crees que aquí, con lo que se le señala a este hombre, los pueblos indígenas estarían creyendo en él si fuese cierto?". Y estoy hablando de los pueblos indígenas donde hay liderazgos de izquierda, liderazgos socialdemócratas que están trabajando en todo el país.

Insisto, creo que cuando en la historia de Guatemala se juzgue el papel del general, el balance va a ser más positivo que negativo.

¿Cómo es la composición y la participación de la población indígena en las elecciones? ¿Es comparable a la situación ecuatoriana?

Creo que estamos alrededor del 56% de población indígena, y el resto es población ladina y mestiza.

Los indígenas están muy organizados. Ya no es el pueblo indígena de hace veinte años, pero no tienen unidad. Recordemos que tenemos veinte pueblos indígenas.

Ahora surge un candidato al que creo que en esta elección no le puede ir tan bien, pero considero que va a sentar un precedente y que para adelante va a ser un candidato que va a estar presente en la vida política nacional e internacional. Se llama Rigoberto Quemé y es el alcalde de Quetzaltenango, la segunda ciudad más importante. Es el primer alcalde indígena de una gran ciudad (dos veces alcalde) y ahora se larga a la presidencia. Ya hay muchos grupos de izquierda y muchas organizaciones indígenas que se están aglutinando alrededor de él. No descarto la posibilidad de que en cinco o diez años tengamos en Guatemala el primer presidente indígena.

Y respecto a la participación, a mi me hicieron presidente los pueblos indígenas. Donde más votos obtuve fue en los pueblos del Altiplano guatemalteco, donde el 95% es población indígena.

Generalmente Cuando se habla de población indígena, se la asocia directamente a la pobreza. ¿En Guatemala sucede esto?

Tenemos el país -y esto no es ningún orgullo decirlo, sino que nos debería dar vergüenza- que tiene la mayor concentración del ingreso: el 5% de la población absorbe el 68% del ingreso nacional; ¡eso no lo tiene ningún país!

Una clase media destruida y un mapa de pobreza que coincide con la población indígena y campesina. Y lo más terrible: en Guatemala la pobreza tiene rostro de indígena y de mujer.

Nosotros hemos sido muy cuestionados y criticados porque dicen que los programas los hacemos electoralmente. Pero no, ahí está el mapa de pobreza: nuestra mayor inversión ha estado en las clases pobres.

Para ponerle un ejemplo, el programa de fertilizantes (que fue tan cuestionado porque nosotros nos pusimos a comprar desde el gobierno fertilizante en el extranjero, semillas mejoradas y microcréditos, y los entregamos a la población más pobre del país), se lo dimos a 1,4 millones de campesinos de los más miserables, que no pueden comprar un quintal de fertilizantes porque vale el doble de precio de lo que vale en el mercado internacional.

Rompimos un monopolio de fertilizantes y concentramos en toda esa masa de pobres la inversión de fertilizantes y semillas mejoradas. El resultado fue que creció la producción agrícola, se estabilizaron los precios y se disminuyó la miseria que tenían los campesinos.

Otro programa, el de desayuno y almuerzos escolares para el cual el gobierno entrega un cheque (ni siquiera entrega la comida, para evitar malos usos). Directamente de Finanzas públicas sale un cheque para cada escuela, que es administrado por las Juntas Escolares (que componen los padres de familia y los maestros) para dar el desayuno y el almuerzo a los niños de las escuelas. Del mismo nos critican que no se lo demos a todos los niños del país, algo que no podemos hacer porque no alcanzan los recursos. Entonces lo concentramos donde hay una gran deserción escolar y ahí también concentramos el programa de becas para las niñas, que beneficia a 150 mil jovencitas porque son las que más desertan de las escuelas. Y el resultado ha sido maravilloso.

La obra pública también la hemos concentrado en los lugares más pobres: los centros escolares, los centros de salud, las carreteras. Hemos puesto la inversión en educación donde está la masa más necesitada: de los 331 municipios, tenemos 102 que están en extrema pobreza.

Faltan seis meses para la elección del nuevo Presidente y por la Constitución Nacional usted no puede ser reelecto. Le voy a pedir que haga un balance, lo más honesto posible, de su gestión, contando sus aciertos, sus errores, qué le quedó pendiente y qué mejoraría si tuviera la oportunidad de volver a ser Presidente...

Trataré de ser lo más objetivo, aunque no sea totalmente beneficioso para mi. Porque lo que importa es la verdad y, en última instancia, yo sé que es la historia quien me va a juzgar.

Creo que dejé muchas cosas por hacer y que también hice muchas cosas importantes, y considero que el balance no es negativo. Pero sé que fracasé en el tema de la corrupción.

Lamentablemente la corrupción hoy todavía está presente en Guatemala con un gran escándalo que se descubrió en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social en la que están involucrados miembros de mi partido. Pero así como ese, hubo más escándalos, y hay que destacar que es la primera vez que los escándalos se abren. En el pasado eso no sucedía y estimo que ahora es bueno para el país que salgan a la luz.

Pero repito, creo que fracasé en el tema de controlar la corrupción: no avanzamos en los cambios de leyes para hacer más transparente al Estado, al ejercicio del poder político, al ejercicio de la inversión pública. Es de lo que más me lamento y, con toda franqueza, reconozco que siempre ha habido corrupción y que se exacerbó aquí. Es ese fracaso lo primero que enmendaría.

Yo sé que nunca volveré a ser Presidente porque me voy a retirar de la política, pero si volviera a hacerlo, el tema número uno sería transformar el Estado para hacerlo más transparente. Creo que vamos en el camino correcto al descentralizar, porque considero que con la reforma que elevé al Congreso sobre El Código Tributario Municipal, las municipalidades van a manejar los recursos más cerca de la población.

Y otra cosa en lo que me siento frustrado, y que está pendiente y me preocupa por el futuro del país, es el tema de la tierra. Un tema por el que pienso que el país puede estallar de aquí a cinco años.

Explíqueme...

No podemos seguir con 3,5 millones de campesinos sin tierra y con minifundios, en la miseria. Hemos hecho el esfuerzo con los fertilizantes, pero la gente no tiene tierras, porque la tierra está altamente concentrada.

Quise avanzar sobre el tema del catastro nacional, que es el levantamiento de la realidad agraria (ver la propiedad, la legalidad de la tenencia de las tierras) y no pude hacerlo. Considero que esto es una bomba de tiempo muy peligrosa, que puede destruir lo poco que hemos avanzado democráticamente.

Recién me dijo que "el país puede estallar en cinco años". ¿Qué se imagina que puede pasar en Guatemala?

Que pueden haber levantamientos campesinos, invasiones de tierras, enfrentamientos y violencia muy fuerte.

El "talón de Aquiles" de la democracia guatemalteca es el tema de la tierra, que puede fácilmente desencadenar en un enfrentamiento legal de magnitudes impensadas.

Y si eso sucediera, ¿que vendría después?

Vaya a saber Usted. ¿Una revolución?, pero ya ve cómo están las revoluciones en América Latina... yo creo que no habría posibilidades.

Por eso le decía de la necesidad de la Reforma Electoral y la Reforma Política. Tenemos que reconocerlo (sé que a muchos no les gusta que hable de esto), y esto lo dije en la Cumbre de Cuzco, se agotó el sistema democrático que tenemos.

La última encuesta dice que el 80% de la gente no quiere votar. ¿Por qué? Porque el voto, la participación y la militancia en partidos no se traducen en el bienestar de la vida cotidiana. Entonces se preguntan para qué sirve la democracia. Incluso algunos -y esto es muy triste escucharlo- dicen que estábamos mejor en los tiempos de la dictadura. ¡Entonces este es un gran problema para la gobernabilidad y la democracia en América Latina!

Si pienso en lo que me dice acerca de la corrupción, el descreimiento en la democracia, esa cierta "añoranza" de las épocas de la dictadura de algunos sectores, ¿es lógico que deduzca que la adhesión que todavía tiene Ríos Montt de una parte importante de la sociedad tenga que ver con que él es un general, de mano dura, nacionalista...?

Yo creo que la adhesión tiene que ver con las demandas de mano dura contra la corrupción, mayor seguridad y el tema de la pobreza. La gente lo ubica al general como un hombre que no se deja manejar por los poderes fácticos. Él no pertenece al establishment de Guatemala, pero tiene un discurso que le llega a muchos por ser muy familiar, muy nacionalista. Es un hombre que en todos sus discursos repite: "Lo que tenemos que construir aquí es un país, porque lo que tenemos es una finca en la que todos somos mozos; necesitamos un país de ciudadanos y ciudadanas con dignidad y libertad para producir".

Su discurso es muy popular y está arraigado en la mente de la gente. Eso le da cierto potencial político.

Mirando el mapa político latinoamericano, si pensamos que en varios países se habla de un posible giro a la izquierda o al progresismo en la región, ¿por qué cree que Guatemala sostiene esta particularidad de posicionarse más "a la derecha"?

Usted sabe que yo vengo de la izquierda, pertenecía a la guerrilla, al EGP (Ejército Guerrillero de los Pobres). No soy un hombre de derecha. Pero si usted acude a los historiadores, podrá ver que Guatemala es el país con la oligarquía más reaccionaria, más conservadora y más apátrida de toda América. No encontrará una oligarquía igual: es concentradora del ingreso; que se supone aristócrata; que es racista; excluyente; marginadora. Una oligarquía que cree que la población indígena es la causa del atraso del país.

Me sorprende lo que me dice... no coincide con el preconcepto de que su gobierno está más cerca de un pensamiento de la típica derecha liberal.

Claro. Yo aparezco como un gobierno de derecha, pero le voy a contar lo que hemos hecho.

Nuestro gobierno, que aparece como de derecha, le muestra que las ideologías han perdido un gran espacio y que ahora no se le puede ubicar a la gente por lo que dice sino por lo que hace. Yo puedo tener un discurso de derecha pero hacer cosas de izquierda.

Dígame qué representante de izquierda está pensando hoy en una economía cerrada en América Latina. Ni el de izquierda ni el de derecha que piensa en economía cerrada tiene espacio. Hoy la izquierda tiene que pensar en economía abierta, y se lo estoy diciendo yo, que estudié marxismo y fui diez años maestro de El Capital. Pero ahora la izquierda tiene que pensar en la Reforma del Estado, en el sistema democrático, en la economía abierta y en la supresión de privilegios. Esa es la izquierda latinoamericana. Y todavía hay izquierdas pensando como en los años sesenta. Yo tuve que cambiar completamente mi punto de vista económico.

Le voy a mencionar algunas cosas que hice en Guatemala y se va a impresionar. ¡Y lo más interesante es que lo no saben en América Latina!

Por un lado, apertura económica: encontré la economía más cerrada y hoy es la más abierta de Centroamérica; rompí los monopolios porque simplemente no podía permitir que el país estuviera bajo monopolios de la cerveza, del azúcar, del cemento, de fertilizantes, de lácteos, de pollo, de harina de trigo.

Nuestro gobierno aprobó la Reforma Laboral, con Ríos Montt, que contempla el derecho de huelga de los campesinos en tiempos de cosecha; aumentamos el salario mínimo del campo en un 59%, por eso me odian, porque fui el único Presidente que se ha atrevido a tocar el salario mínimo en el campo y en la ciudad; hicimos una reforma educativa enorme, con alfabetización y profesionalización del magisterio; reforma social; Reforma del Estado.

La Reforma Fiscal más importante de los últimos 150 años la hizo este gobierno: encontré la tasa tributaria más baja, comparada con la de Haití, la relación impuestos-PBI era del 8% y ahora está en el 11%. Claro que lo hice con un gran costo porque me pintaron como el diablo en el mundo entero, pero esta reforma fiscal va a beneficiar al próximo gobierno, que va a encontrar unas finanzas públicas más estables, más equilibradas, no ha habido inflación, bajó la tasa de interés, no se devaluó la moneda.

¿Por qué si su gestión deja tantos avances no tiene un sucesor para que herede su gobierno y continúe su gestión?

Es uno de los casos simpáticos en que por primera vez un Presidente no tiene su "delfín".

Y no lo tengo por varias razones. Primero porque yo soy de la dirigencia del Frente Republicano Guatemalteco (FRG), pero es un partido que no formé yo. Prácticamente la dirigencia del partido está alrededor del Secretario General, que es Efraín Ríos Montt.

Lo que sí me atrevería a decirle es que en cuatro años Guatemala va a tener candidatos a la presidencia de gran nivel.

¿Va a estar usted, si hubiera reelección?

No hay reelección nunca, pero aunque la hubiera yo no creo en la reelecciones. Creo en las reelecciones en cuanto a experiencia y madurez, pero en lo personal, la reelección en América Latina no me termina de convencer. Quizás en Guatemala deberíamos prolongar el período por seis años, como en México, porque creo que con todo el historial que tenemos de manipulación y especulación, la reelección despierta desconfianzas.

Usted me dice que dentro de cuatro años Guatemala puede llegar a tener candidatos interesantes, pero también me dice "cuidado, que en cuatro o cinco años el país puede estallar". ¿Cómo se llegaría entonces a un final feliz?

Es que así está la realidad. La cuestión estaría en que el próximo gobierno haga la estructura agraria. Que acelere el catastro y que determine la legalidad de la propiedad: hay miles de propiedades en Guatemala que la tienen finqueros privados y que no les pertenecen. Por eso le temen al catastro, porque va a definir la legalidad, la legitimidad y la historia de las propiedades. Yo ya presenté el proyecto al Congreso, pero si no avanzamos con eso nos va a reventar en la cara.

Si el gobierno próximo no toca la estructura agraria y no hace Reforma Constitucional, Guatemala va a tener problemas.

Hace apenas unos días todo el mundo me atacó porque anuncié que iba a hacer la Reforma Constitucional. La Constitución de Guatemala fue hecha a la medida de la oligarquía: es una Constitución donde se establece que el Presidente le perdona las multas a los evasores y le prohíbe al gobierno decir los nombres de los evasores. ¿Qué Constitución es esa? Esa Constitución es una camisa de fuerza y tiene que reformarse si queremos darle oxígeno al país para más adelante.

¿Su país es democrático?

Sí.

Y le voy a contar algo que, aunque suene contradictorio, es una de las grandes satisfacciones que tengo: este gobierno casi se vio acosado por movimientos civiles y políticos y nunca usó la violencia. El magisterio me destruyó edificios, me tomó edificios, han quemado municipalidades, y nunca hemos usado la fuerza pública, por lo menos hasta ahora. Hemos sido siempre respetuosos de los movimientos políticos y sociales.

Nunca hubo una llamada de parte del gobierno, ni para bien ni para mal (y lo reconocen los mismos medios guatemaltecos que han sido implacables conmigo), nunca una medida ni solapada ni abierta en contra de la libertad de prensa. Siempre hubo libertad de prensa absoluta.

Además hay que destacar que tampoco nunca hemos tenido que lamentar ningún crimen que tenga relación con la situación política, con una situación ideológica o con la defensa de los derechos humanos.

Hablando de los derechos humanos, cuénteme cómo ha evolucionado este tema tan delicado en Guatemala.

Hemos hecho cosas increíbles. En primer lugar, es la primera vez que un gobierno reconoce que el Estado es responsable de violación de los derechos humanos, algo que no fue sencillo de hacer en Guatemala. Por lo tanto, el Estado tiene que resarcir a las víctimas y ya empezamos un programa que lo iniciamos con 70 millones y hemos resarcido a víctimas de la Masacre de las Dos Erres en El Petén.

Pero además de eso creamos una Comisión para la investigación de los grupos paralelos y clandestinos de seguridad, con apoyo de la OEA y de la ONU; creamos la Comisión Nacional contra el Racismo y la Discriminación; la Secretaría de la Mujer. Todas esas cosas van directamente al respeto de los derechos humanos, apoyados por la comunidad internacional.

Hablemos de las relaciones exteriores de su país. ¿Quiénes son los principales países aliados de Guatemala?

Creo que los países de la Unión Europea, los Estados Unidos, Japón. Soy sincero cuando digo que si no hubiera sido por el apoyo internacional no podríamos haber concretado muchos cambios.

¿Y en América Latina?

Centroamérica en su conjunto, y México, han sido grandes aliados. Todos los presidentes centroamericanos nos reunimos dos veces por mes, casi sin proponérnoslo. Nos encontramos, hablamos por teléfono, hemos avanzado en la Unión Aduanera, estamos practicando en la coordinación de políticas fiscales y monetarias y hemos dejado atrás los problemas limítrofes. Sólo nos falta concretar que seamos una sola región, con sistemas financieros e impositivos.

Creo que debemos retomar el tema del Cono Sur con Centroamérica, donde no hay prácticamente relación.

América del Sur se mueve aquí, sólo se ha visto a sí misma y a Norteamérica, pero no ha mirado a Centroamérica. Creo que este tema hay que reavivarlo y veo en estos foros, como la Cumbre de Cuzco, la posibilidad para que nuestra región se mire entre sí.

A México le pasó lo mismo. Siempre veía para arriba pero ahora ve mucho para Centroamérica. El Plan Puebla Panamá, planteado por Fox, es una idea muy audaz e inteligente que se está concretando y que ya hay instituciones como el BID que están comprometidos en el financiamiento, algo que nos alegra mucho.

¿Se imagina a Centroamérica unida al Cono Sur?

Sí, no lo veo remoto.

Creo que el Cono Sur es una potencia, y lógicamente la historia, los intereses, han impedido que América del Sur funcione como tal. Mire sino Brasil, la octava economía del mundo; Argentina, que a pesar de sus crisis es una potencia; Chile; Venezuela; Colombia...

Me alegra que una de las resoluciones de la Cumbre del Grupo de Río haya sido que el problema de Colombia es un problema de todos, porque no es exclusivo de ellos sino que nosotros somos el puente en Centroamérica y, por lo tanto, nos compromete en todo.

*Realizada en Buenos Aires, el 30 de mayo de 2003

Por Norma Domínguez


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