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REPÚBLICA DE BOLIVIA - ANALISIS  
 

Elecciones y un enigma por delante
Entrevista a Jorge Lazarte Rojas, analista político-electoral de Bolivia
[28 de Junio de 2002]

ENCUESTAS Encuestas 
Manfred Reyes Villa sigue favorito
ELECTORAL Electoral 
 
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A pocas horas de las elecciones presidenciales, ¿qué dicen las últimas encuestas?

Las tendencias se confirman. Hay un candidato que aparece desde hace varias semanas en la punta de las encuestas, que es leve descenso. Se estima que está alrededor del 25 por ciento. En el segundo lugar está "Goni" Sánchez de Lozada, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) con un muy breve repunte después de muchos meses de estancamiento, quien tiene aproximadamente el 19 por ciento de intención de voto.

En el tercer lugar está Jaime Paz Zamora, quien ha repuntado en las últimas semanas y obtiene entre un

13 y 15 por ciento de favorabilidad. Aún así, de acuerdo a las encuestas, hay un candidato que está en cuarto lugar pero que podría disputarle ese puesto a Paz Zamora, y que es Evo Morales, un candidato que ha tenido un crecimiento regular desde principio de año, y que es el dirigente de los trabajadores de la coca vinculado con el Chapare que ha inducido al Embajador norteamericano a hacer una advertencia pública al país, respecto de las cosas que podrían ocurrir si Morales gana la Presidencia de la República. Estas declaraciones han generado una indignación nacional, y tienen que ver justamente con el repunte de Morales.

Asimismo, se confirma el desplome de Acción Democrática Nacionalista (ADN), el partido del fallecido presidente Hugo Bánzer -que fue también Presidente en los años 70- que tiene aproximadamente el 5 por ciento de intención de voto. Estos índices son muy malos para un partido que, por ejemplo, logró el 35 por ciento en 1985, y cuyo jefe llegó a la Presidencia de la República con el 22 por ciento.

Los demás partidos tienen porcentajes que se oscilan entre el 1 y el 4 por ciento.

Las declaraciones del Embajador Manuel Rocha, que Ud. mencionaba, parecieran ser el corolario de señales que ya estaban anticipadas: en Estados Unidos hay temor de que el próximo gobierno en Bolivia no tenga la misma fuerza que el anterior para combatir el cultivo de la coca

En realidad Bánzer tampoco tuvo mucha fuerza, porque si bien tuvo la fuerza aritmética de una coalición muy grande, es evidente que el gobierno fue globalmente deficitario. El resultado es el hundimiento de su propio partido.

Pero lo hizo...

Fíjate también que las complicaciones para el próximo gobierno, empiezan por no saber exactamente cuál va a ser la coalición de candidatos actuales va a obtener más del 50 por ciento, tendrá que resolverse en el Congreso. Allí el primer problema va a ser sumar votos, es decir, conseguir el mínimo de 80 votos que representan la mitad más uno de los miembros de las cámaras Diputados y Senadores.

Pero tampoco es suficiente eso, sino que hay que tener una coalición para gobernar los próximos cinco años. Y estando las cosas como están actualmente, va a ser una tarea muy compleja la ingeniería política para armar una coalición más o menos estable.

Desde el exterior cuesta comprender el fenómeno de Manfred Reyes. En un principio se insinuaba como un heredero de la ADN, pero luego sorprendió con sus posiciones en temas económicos y de política exterior.

Es cierto que, en un principio, nadie previó este crecimiento de Manfred Reyes Villa. Todo lo que había hecho en política era haber gerenciado aceptablemente -para mucha gente, muy bien- la Alcaldía de Cochabamba: fue en tres gestiones alcalde de Cochabamba y en las tres gestiones obtuvo una votación superior al 50 por ciento, lo que es una excepcionalidad en Bolivia, país donde la votación es muy dispersa. Eso es todo lo que tenía, pero también supo aprovechar muchas circunstancias, una enorme volatilidad del voto. Otros candidatos que expresaban el descontento en el país simplemente se vinieron abajo, y por lo tanto esas intenciones de voto a favor de estos candidatos llamados “asistémicos” -que expresaban el descontento del país pero que no tenían ninguna idea respecto de lo que había que hacer- han favorecido a Manfred. Y también lo han favorecido una parte de los votos que se habían orientado en favor de Bánzer y ADN; creo que el hundimiento electoral de ADN también lo ha favorecido. Ciertamente Manfred Reyes, para mucha gente y sobre todo para los jóvenes -donde más obtiene sus votos- resulta un candidato que expresa esta necesidad de cambio en el país. Él ha utilizado mucho en su estrategia la idea de la renovación política, la del hartazgo respecto de los partidos tradicionales, a los cuales se acusa de todo lo que pasa en Bolivia en este momento: a pesar de los indudables logros que ha tenido el país en los últimos años, hay mucha frustración en la gente. Y Manfred ha aprovechado de manera inteligente esta necesidad de la población de renovar el personal político, puesto que no ha ocupado hasta ahora la escena nacional, aún cuando su partido ha formado parte de la coalición gubernamental anterior con un perfil muy bajo.

También es evidente que Reyes Villa dice una cosa, y su partido dice otra. Tiene un programa que en muchos casos no solamente es una apuesta por el Estado, sino un retorno del estado con fuerte acento estatista. Hay algunas ideas que hacen pensar en los años 50 ó 60.

¿Tiene un contenido nacionalista también?

No, más que nacionalista, es estatista. Su idea keynesiana de economía mixta no puede entenderse si no se refuerza el papel del estado a través de las empresas públicas. Sino, no hay economía mixta.

¿Cómo está la situación social desde el punto de vista de la conflictividad, y cómo se prepara Bolivia para las elecciones?

Por el momento la situación está tranquila. Hay pequeños focos de conflicto, pero muy pequeños. No hay nada que pueda hacer temer que el proceso electoral del próximo domingo pudiera ser afectado. Lo evidente es que estos pequeños focos que se han estado desarrollando estas últimas semanas, y que el gobierno ha tenido que atender -a veces a muy altos costos- utilizan las elecciones como chantaje: amenazan con bloquear el proceso electoral, y el gobierno desesperadamente tiene que buscar una solución para apagar estos conflictos. En este momento hay tres o cuatro en todo el país, muy pequeños, pero con efecto mediático. No hay riesgo de que un conflicto de cierto alcance pudiera perturbar seriamente el proceso electoral.

Con respecto al proyecto del gasoducto internacional, ¿existen diferencias entre los principales candidatos a la Presidencia?

Probablemente sí. En el caso de Reyes Villa no es muy claro lo que ha estado diciendo, y algo similar ocurre con otros candidatos: digan de manera muy clara podría afectar su propio electorado si acaso insinuaran que es mejor hacerlo con Chile. Ya se han estado desarrollando protestas en Bolivia -movimientos de gente, encuestas- donde la población prefiere que el gas salga por el Perú y no por Chile, aún cuando hay sectores en el propio gobierno y en la dirigencia que entienden que sería mejor que así se hiciera, pero que no lo dicen por razones electorales. Por eso, es probable que no ocurra nada hasta mucho después de las elecciones. Y hay propuestas para hacer un referéndum y decidir este caso demasiado complicado para todos, inclusive para el actual Presidente de la República, Jorge Quiroga, que tiene la posibilidad de definir con este gobierno gran parte de la posibilidad de ser candidato en el 2007.

¿Cómo imagina usted que será el sistema de partidos después de la elección?

La base del sistema de partidos que funcionaba en Bolivia, de tres más cuatro, se ha venido abajo -es decir, los tres grandes los tres, dos están muy debilitados (MIR y MNR) y el tercero (ADN) se vino abajo; de los otros cuatro, electoralmente tres se vinieron abajo y uno ha repuntado (NFR).

En este sistema político reconformado, el incómodo es Evo Morales. A fin de cuentas, los que formaban parte del sistema partidario adquirie. Iremos hacia un sistema de partidos con un formato distinto, y con una presencia de partidos asistémicos, o anti-sistémicos; un sistema conformado por partidos sin tanta proximidad ideológica.

 
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