Quienes somos
Países | 
Análisis
Biblioteca
Noticias
Agenda
ObservatorioElectoral.orgObservatorioElectoral.org
Biblioteca: Las elecciones generales de 2002 y la metamorfosis del sistema de partidos en Bolivia
René Antonio Mayorga, Dr.phil. por la Universidad Libre de Berlín; profesor e investigador de ciencia política del CEBEM y la FLACSO-Ecuador. INDICE
· Las elecciones generales de 2002 y la metamorfosis del sistema de partidos en Bolivia
Repensando la representación política y la institucionalización del sistema de partidos políticos

Repensando la representación política y la institucionalización del sistema de partidos políticos

Los resultados electorales, que han rematado en cambios del sistema de partidos y de la representación política, refutan varios pronósticos irreflexivos que se hicieron antes de las elecciones. Como subrayamos al principio, análisis prospectivos basados en diagnósticos controvertidos y especialmente en encuestas poco confiables corren el serio peligro de cometer graves equivocaciones, casi inevitables cuando además no se adoptan precauciones metodológicas y se infieren -de opiniones momentáneas captadas por las encuestas- comportamientos reales y efectivos. Es un principio sociológico clásico -sustentado por Marx, Tocqueville y Weber entre otros - que las ideas y opiniones de la gente no pueden ser confundidas con su comportamiento y acción real. 11 Todas las encuestas hechas en el país desde 1990 -tanto las referidas a cultura política y democracia como a intenciones de voto- han resaltado de modo recurrente la falta de credibilidad de los partidos políticos, el descontento ciudadano con ellos e incluso la opinión de que sería posible y deseable una democracia sin partidos. Si estas opiniones, sobre todo la del descontento generalizado, hubieran repercutido efectivamente en las diversas elecciones, el resultado lógico habría sido, por una parte, una altísima deserción y abstención de los electores y, por otra, una debacle del mismo sistema de partidos como sucedió en Perú y Venezuela.

Sin embargo, como hemos visto, los resultados electorales muestran lo contrario contradiciendo los análisis de connotados analistas mediáticos. Lazarte fue quien más lejos se aventuró por esta senda de atropelladas deducciones al aseverar que "indicadores y constataciones empíricas" eran suficientes para fundamentar tres afirmaciones categóricas: a) que se había producido el divorcio entre la mayor parte de la población con el actual sistema de partidos 'tradicionales'; b) que con el fin del trípode de partidos - MNR, MIR, ADN- era el sistema mismo de partidos que llegaba a su fin y c) que, por su debilitamiento electoral, los partidos serían incapaces de producir un gobierno y una oposición funcional (Lazarte 2002: 8). Igualmente, partiendo de la premisa de una vasta recomposición del sistema de partidos, Fernando Mayorga vaticinó de manera terminante que era inminente "el agotamiento de la democracia pactada" con consecuencias directas sobre la gobernabilidad democrática (Fernando Mayorga 2002: 3).

Pero volvamos a los datos. Comparando los resultados de las elecciones generales entre 1985 y 1997 con los resultados de las elecciones de 2002 desde el punto de vista de los rasgos estructurales que han caracterizado la representación política son tres los cambios realmente dramáticos: la polarización, la fractura regional del voto y el desarrollo de la representación política basada en la identidad étnico-cultural. Ninguno de ellos expresa, sin embargo, el hastío de la población con viejos o nuevos partidos, y menos permite sostener la hiperbólica idea de un fin casi apocalíptico del sistema de partidos. En aspectos importantes, tal como están señalados en las Tablas 2 y 3, por el contrario, es indiscutible que hubo continuidad más que discontinuidad en las características estructurales de la representación política. Estas se han mantenido extraordinariamente invariables. El número efectivo de partidos no ha sufrido alteraciones importantes: en 1997 fue de 5.36, ahora es de 4.35. A pesar de la volatilidad electoral, las mayorías relativas persisten, como antes, vinculadas a la existencia de partidos, el MNR y el MIR, con un potencial electoral que se puede calificar de estable. Aunque con altibajos en relación a 1985 y, sobre todo a 1993, la votación del MNR se mantiene casi igual a la de 1997, mientras que la del MIR ha descendido respecto a su porcentaje en 1989 pero manteniéndose al mismo que en 1997. La volatilidad del sistema electoral ha sido del 15.55% y no ha variado sustancialmente. Si bien se ha ampliado el universo electoral y la depuración de los registros electorales ha avanzado, los porcentajes de participación y abstención tampoco se han modificado (Anexo: Tabla 5).

Ahora bien, es necesario poner de relieve que detrás de estos datos se esconden problemas ciertamente permanentes, pero relativos de la representación política que no han recrudecido hasta provocar "la crisis" del sistema democrático, anunciada con los ostentosos términos de "divorcio", "fin", "crisis irreversible", etc. Veamos, en concreto, cada uno de estos problemas. Tenemos, en primer lugar, un problema permanente de volatilidad electoral debido principalmente al descontento cíclico con los partidos gobernantes que resulta de su pobre rendimiento en la solución de los problemas económico-sociales de la población y que, junto a la corrupción, defraudan a vastos sectores de la población al mismo tiempo que producen un vacío que genera expectativas y esperanzas en nuevos lideres. Por esta razón, el potencial del populismo sigue siendo grande, aunque está limitado a sectores pobres de la población que votaron durante una década por CONDEPA y UCS y ahora viraron hacia el MAS, el MIP y NFR. Sin embargo, sostengo que la insatisfacción con los partidos políticos "tradicionales" y el desencanto con la política han sido fenómenos relativos porque la población no ha asumido mayoritariamente posiciones antipartido y antidemocráticas lo cual se manifiesta en la participación electoral que ha seguido por encima del 70%.

Lo que ha sucedido, contradice más bien los temores y opiniones predominantes. Después de los violentas movilizaciones de Abril y Septiembre de 2000 que tuvieron claras características de revuelta, era opinión casi generalizada que sobre el horizonte se perfilaba una seria crisis de deslegitimación de los partidos políticos y las instituciones del Estado. En efecto, tendencias antisistémicas, que proponían reformas radicales del sistema político, iban ganando cuerpo (Mayorga 2001c). Tanto el poder ejecutivo, el parlamento, los gobiernos regionales y locales como los partidos de gobierno y de la oposición habían perdido en esa crítica coyuntura la capacidad de ser articuladores y canalizadores de las demandas y conflictos sociales. Todos los escenarios institucionales principales del sistema democráticos habían entrado en crisis de tal manera que lo que empezó como falta de rumbo de la coalición de Banzer y crisis de la gestión gubernamental pareció transformarse progresivamente en una crisis de Estado que comprometía particularmente al poder ejecutivo y al Parlamento. Pero, dado este crítico trasfondo, llama la atención que los negros nubarrones y los nuevos actores "revolucionarios" como la Coordinadora del Agua se hayan esfumado más pronto de lo esperado y que, en las elecciones de 2002, no tuvieran el impacto devastador que muchos presentían. Al contrario, en estas elecciones la declinación de los partidos estuvo limitada a ADN, UCS y CONDEPA; la desconfianza en los partidos no se tradujo en una crisis de colapso del sistema de partidos ni fue canalizada por outsiders y fuerzas antipolíticas como ocurriera en el Perú y Venezuela. Tras la muerte de los dos casos notorios de outsiders en la política del país -Palenque y Max Fernández, que se integraron al sistema de partidos e incluso participaron en gobiernos de coalición-12 el nuevo intento de candidatos antipartido como del outsider Costa Obregón y del exministro de Justicia René Blattman en las elecciones de 2002 terminó más bien en un rotundo fracaso.

¿Reflejan los cambios en la representación política una frágil y embrionaria institucionalización del sistema de partidos? Mainwaring y Scully han planteado cuatro criterios efectivos para diferenciar los niveles de institucionalización de los partidos políticos en América Latina: 1) la estabilidad en las reglas de juego y el fortalecimiento de la competencia interpartidaria; 2) la existencia de partidos con fuertes raíces en la sociedad; 3) la legitimidad acordada por los actores políticos al proceso electoral y los partidos; y 4) la existencia de organizaciones partidarias bien establecidas (Mainwaring y Scully 1995: 4-6). Con base en estos criterios, estos autores clasifican al sistema de partidos de Bolivia, junto con el de Ecuador y Brasil, como un sistema de partidos embrionario. En contraste, y aplicando sus mismos criterios, se puede evaluar de una manera más positiva los niveles de institucionalización alcanzados por el sistema de partidos en Bolivia, por lo menos, en tres aspectos. En primer término, el sistema de partidos ha sido bastante exitoso en crear una relativa estabilidad de las reglas de juego y fortalecer la competencia entre los partidos. Si no fuera así, el sistema de partidos no habría desarrollado la capacidad de acuerdos y de formación de gobiernos estables de coalición. En segundo término, a pesar de la erosión parcial del sistema de partidos que tuvo lugar en estas elecciones, hay dos partidos -el MNR y el MIR- con raíces estables en la sociedad como se demuestra por la votación obtenida entre 1985 y 2002. En tercer término, no obstante el rechazo de muchos dirigentes del MIP y del MAS, ahora parlamentarios, a la "democracia burguesa", las reglas de juego y la legitimidad de los procesos electorales no están cuestionadas.

Es en relación al cuarto nivel de institucionalización que persisten serias dudas, especialmente por los resultados de las elecciones de 2002. Excepto el MNR y el MIR, los partidos y nuevos movimientos políticos carecen de sólidas organizaciones y de estructuras internas (Mayorga 2002: 167-213). La organización interna de los partidos es el aspecto más controvertido y desigual. Impulsada por la ley de partidos políticos y la ley electoral, se lanzó un proceso de democratización interna de los partidos, todavía embrionario. Sin definir taxativamente cuáles deben ser en concreto las normas y procedimientos que deben respetar los partidos, los artículos 19 y 20 de la ley de partidos políticos exigen a los partidos de modo general el ejercicio de la democracia interna estableciendo normas de elección y nominación de candidatos que garanticen la organización y el funcionamiento democrático de los partidos. 13 El proceso de democratización interna comenzó en 1999 con resultados discutibles. Es resultado de una vieja demanda de la sociedad, pero cobró impulso por las transformaciones que trajo consigo la ley de participación popular elevando al municipio a una categoría de primer orden del escenario político antes desconocida. Las organizaciones de los partidos se vieron ante la necesidad de adecuar sus estructuras a los nuevos espacios locales.

Pero el balance que se puede hacer de los procesos democratización interna es sumamente disparejo. Sólo en el caso del MNR, llevó a una amplia democratización y renovación de las estructuras y los liderazgos regionales y locales, mientras que, en el caso del MIR y ADN, los procedimientos ilegítimos y las fracturas internas bloquearon ambos objetivos. En los tres casos la democratización interna tuvo en común que desataron conflictos internos que pusieron en entredicho -en mayor o menor medida- la unidad interna de los partidos y la aceptación de corrientes divergentes internas. 14 Además, el segundo intento de ADN después de la muerte de Banzer fue tardío y no pudo evitar la debacle electoral. Como en el caso de CONDEPA, se puede decir que ADN no sobrevivió a la muerte de su caudillo. En síntesis, los niveles de institucionalización del sistema de partidos no serán óptimos ni ideales, pero tampoco son negativos ni menospreciables. Esta es una de las razones principales por las que los grandes cambios ocurridos en las elecciones de 2002 no afectaron irremediablemente la continuidad del sistema democrático. Por el contrario, en un contexto de grandes conflictos sociales por la exclusión social, la persistencia de la pobreza, y, en fin, por las limitaciones y debilidades del desarrollo económico, el sistema democrático demostró su firmeza y adaptabilidad frente a los desafíos que enfrenta.

La coalición MNR-MIR y sus perspectivas

Como se ha destacado, el resultado fundamental de las elecciones presidenciales fue la extrema polarización entre dos candidatos y alternativas: la alternativa de cambio radical y utópico de Evo Morales, y la alternativa de reformas parciales de Sánchez de Lozada para resolver los problemas económicos y sociales de urgencia sin echar por la borda los avances políticos logrados desde 1985. En este contexto, ¿cuáles fueron los factores políticos y las estrategias de negociación que dieron a luz el nuevo y "sorpresivo" gobierno de coalición entre el MNR y el MIR?

Para empezar, la situación misma de polarización descartaba a Evo Morales como candidato con serias posibilidades para asumir el gobierno o ser el potencial socio de gobierno del MNR. Por una parte, el MAS se aisló políticamente al rechazar cualquier tipo de acuerdo, y aun con la disposición a hacer acuerdos de coalición habría tenido que atraer un socio importante de gobierno. Pero debido a condicionamientos internos y externos, ningún partido, ni siquiera NFR, estaba dispuesto a ungir a Evo como presidente de la República. Por otra parte, la lógica de la elección congresal hacia del MNR y el MAS los competidores principales para acceder a la presidencia. El MNR tuvo entonces que entablar casi simultáneamente negociaciones a dos bandas con NFR y el MIR. El apoyo de uno de esos partidos era imprescindible para allanarle el camino al poder. De hecho, a raíz de una primera decisión del MIR de no formar una coalición gubernamental con el MNR, se vislumbraba como única opción posible una coalición del MNR con el NFR, a pesar de las grandes diferencias y contradicciones entre sus programas. Por otra parte, como he subrayado la competencia política desde 1985 entre los tres partidos relevantes había dado lugar, por diversas razones, al surgimiento de dos bloques que hicieron imposible hasta ahora una coalición entre el MNR y el MIR. A partir de las elecciones de 1989, estos partidos estuvieron enfrentados y enemistados, más por razones de la lucha por el poder y la competencia personal entre sus líderes que por cuestiones ideológicas o programáticas de fondo.

Habiéndose excluido momentáneamente de la carrera presidencial en el llamado "consenso de Tarija", el MIR desplegó un juego en tres movimientos que, a mi criterio, parece haber estado encaminado desde un principio a colocarse como actor dirimidor de la formación de gobierno y, por lo tanto, no descartaba a priori el objetivo de concretar alguna forma de coalición con el MNR. En efecto, el primer movimiento consistió en pasar a la oposición y apoyar al gobierno de Sánchez de Lozada "gobernando desde el Parlamento"; decisión con la que se proponía situarse en la posición equidistante de árbitro de la estabilidad política.. Esta decisión tenía también la ventaja para el MIR de no aparecer como un partido ávido por cogobernar nuevamente y forzaba momentáneamente al MNR a negociar con NFR. Por otro lado, contando quizás con el rechazo previsible de Reyes Villa a formar gobierno con Sánchez de Lozada, esta decisión tenía la otra gran ventaja de aumentar el poder de negociación del MIR.

De hecho, el rechazo de Reyes Villa a un acuerdo de gobierno no le dejaba al MNR otra alternativa que establecer un gobierno minoritario con un inestable apoyo parlamentario del MIR, débil y muy probablemente incapaz de resistir la anunciada ofensiva de la oposición del MAS y el MIP contra el modelo económico y político. Esta alternativa parecía inevitable. En este punto y en un contexto de enorme fragilidad e inseguridad regional, se fue agravando, sin embargo, en pocos días la critica situación postelectoral de incertidumbre política y económica, y la estabilidad financiera del país empezó a ser erosionada con una limitada corrida bancaria. Se cernía irremediablemente un panorama de ingobernabilidad que iba a poner en juego la viabilidad del sistema político y la estabilidad del modelo económico. El MNR no podía gobernar sin un fuerte aliado en el Congreso y el poder ejecutivo. Pero el riesgo de ingobernabilidad podía provocar una situación de suma cero: la muy probable perspectiva de desestabilización del país y de fracaso de un gobierno minoritario del MNR habría amenazado con arrastrar también al MIR. En consecuencia, el MIR tenía que contemplar la posibilidad de que el descalabro de un gobierno aislado de Sánchez de Lozada podía hundir al país en una crisis sin precedentes comprometiendo al sistema político en su conjunto.

La lógica de la situación misma hacía entonces del MIR el dirimidor y el actor decisivo. Importantes actores como los principales medios de comunicación, las organizaciones empresariales, e instituciones como la iglesia católica, los organismos internacionales y, por supuesto, la embajada de Estados Unidos ejercieron una poderosa presión reclamando al MNR y el MIR, responsables de lo bueno y lo malo que se hizo en el proceso democrático desde 1985, que cerraran un pacto de gobernabilidad. Por esto, al margen de los enconos personales y las preferencias subjetivas de los líderes del MNR y el MIR que habrían optado por otras alternativas si es que éstas hubieran existido, se puede afirmar que fue esta situación objetiva, en la que se imponía la necesidad de evitar una eminente perspectiva de ingobernabilidad, la que finalmente indujo a ambos a buscar un acuerdo programático que se materializó el 25 de julio de 2002 en el compromiso para formar un gobierno de coalición. En el cálculo estratégico de poder con el que se jugó la política postelectoral, el MIR aprovechó a la perfección el espacio dejado por NFR proyectándose como el socio imprescindible para la coalición que finalmente se estableció en el marco del llamado "Plan Bolivia" y que dio además fin a un ciclo de dos décadas de la historia política en el cual estos partidos estuvieron fuertemente enfrentados. 15

La coalición MNR-MIR le permite tener al gobierno de Sánchez de Lozada -con el apoyo adicional de UCS y ADN- una mayoría absoluta de 88 escaños en el Congreso que, por supuesto, es insuficiente para iniciativas legislativas que requieren dos tercios de votos del Parlamento. Es evidente que la nueva coalición de gobierno tiene muchas de las características de un matrimonio obligado por las circunstancias. En los medios de comunicación se impuso la analogía del matrimonio sin amor. Sería un error, empero, imponer criterios puramente morales para evaluar el surgimiento de una coalición forjada en una coyuntura de polarización política y crisis económica. Por supuesto, no faltaron voces que -tras la experiencia negativa del gobierno de Banzer- condenaron drásticamente esta coalición con el argumento de que carece de base programática y que su motivo principal fue, como en la coalición de Banzer, la distribución de cargos y el clientelismo. Ya a partir de su alianza con Banzer en 1989, el MIR estuvo siempre bajo la permanente crítica de sobreponer sus ambiciones de poder a principios políticos y éticos, y de actuar de manera utilitaria en función de los beneficios materiales que proporciona el manejo del Estado. Sin embargo, creo que es un error someter el análisis político a imperativos de la moral individual. Como "los Estados no se gobiernan con padrenuestros" -Cosme de Medicis en la Florencia del siglo XVI-, es, a mi criterio, una irresponsabilidad política poner en riesgo una sociedad en aras de una ética pura de las convicciones.

Tampoco se puede ignorar que en el proceso de gestación de la nueva coalición se debatieron y trazaron los lineamientos básicos de un programa de políticas públicas como columna vertebral del acuerdo MNR-MIR y, que una vez logrado el acuerdo, se abordó la cuestión de la división de responsabilidades en el manejo de gobierno. Tanto el MNR como el MIR hicieron concesiones mutuas que no fueron fáciles, aunque es el MNR el que ha impuesto sus ideas fundamentales y controlará siete de los dieciocho ministerios claves relacionados con la política económica y la política interna. Pero esto no nos exime de tener sospechas legítimas acerca de si el Plan Bolivia es una simple justificación del motivo principal de satisfacer apetititos de poder o si será una estrategia viable y consistente para la solución de los problemas que afectan a la economía y sociedad bolivianas. Por otra parte, sería desconocer la naturaleza de la política si se piensa que la política es una suerte de "servicio samaritano" y que un sistema de gobierno basado en acuerdos interpartidarios y gobiernos de coalición puede funcionar únicamente en base a apoyos desinteresados, prescindiendo de la distribución de cargos estatales entre los socios y de la corresponsabilidad política que esto conlleva. Sólo las decisiones políticas y la puesta en marcha de las políticas publicas prometidas por el gobierno de Sánchez de Lozada revelarán si estamos ante una coalición programática con visión política de largo plazo o ante una coalición miope de simples intereses de poder como fue el gobierno de Banzer. En el mismo sentido, sólo la coherencia programática así como la eficacia sostenida de la acción gubernamental podrán disipar las dudas sobre la naturaleza de la coalición y su capacidad para enfrentar los problemas centrales del país en esta coyuntura tan decisiva para el sistema político, la sociedad y la economía.

La coalición MNR-MIR ha sido el fruto de un parto difícil y no le será fácil en la política diaria lograr acuerdos y tomar decisiones. En los gobiernos que liderizó, el MNR ha sido un partido acostumbrado a jugar un rol hegemónico mientras que el MIR fue un partido incómodo y poco leal con los gobiernos en los que fue aliado (gobiernos de Siles Zuazo y Banzer). Es la primera vez que el MNR tendrá que cogobernar con un aliado con un fuerte peso tanto en el Congreso como en el poder ejecutivo donde ocupa el 40% de las carteras ministeriales. Pero, dada la situación por la que atraviesa el país, todo parece indicar que ambos partidos están obligados a entenderse por razones obvias. Este gobierno tiene que atacar los urgentes problemas que enfrenta la población y la economía. Por razones de simple supervivencia los partidos en el gobierno tienen también que legitimar la acción gubernamental con un nuevo estilo de política deliberativa que exige una permanente concertación no sólo entre ellos, sino entre el gobierno y la oposición parlamentaria así como entre el gobierno y las organizaciones sociales. Esta nueva política es, a mi modo de ver, urgente y necesaria para enfrentar desafíos tan complejos en el campo económico y político. Revitalizando el rol promotor del Estado en la economía, el gobierno deberá no sólo combatir la recesión económica y el desempleo, e impulsar un desarrollo económico integral en el área rural y las ciudades elevando sustancialmente la inversión pública. Está igualmente ante el inmediato desafío de recuperar la capacidad de acción gubernamental de los partidos políticos, restaurar la autoridad del Estado -tan venida a menos en el gobierno de Banzer- así como fortalecer y ampliar su rol y capacidad de conducción en un difícil contexto de sobrecarga de demandas sociales y síntomas graves de anomia social. Y finalmente, tanto el MNR y el MIR se juegan en este gobierno su futuro político y con esto se pone en juego también el futuro del sistema democrático. Después de 17 años, el sistema de partidos ha sufrido una importante metamorfosis que, al mismo tiempo que lo coloca bajo fuertes tensiones, le da un respiro. Pero esto no quiere decir que tenga garantizado su futuro. Mucho depende de la responsabilidad y eficacia de los partidos y sus liderazgos en función de gobierno.

¿Qué escenarios se presentan en el contexto descrito? El escenario de una coalición difícil, aunque sustentable, entre el MNR y el MIR es uno de los escenarios más probables. Otros escenarios que no se pueden descartar a priori, son: por una parte, que -ante la magnitud de los problemas económicos y los conflictos sociales, y sobre todo ante la oposición radical del MAS y delos movimientos campesinos- sobrevenga una ruptura de la coalición que deje al gobierno de Sánchez de Lozada en la condición de gobierno minoritario y lo presione a buscar otro aliado que le permita recomponer su mayoría parlamentaria y continuar con su mandato. Por otra parte, también es posible, aunque menos probable, un escenario catastrófico: un fracaso total de la coalición que derive en una grave crisis de gobierno y obligue a Sánchez de Lozada a una renuncia anticipada.

Conclusiones

Para terminar, de la argumentación expuesta en este ensayo se pueden extraer las siguientes conclusiones:

La primera conclusión y la más importante, es que las elecciones de 2002 han dado fin al trípode de partidos que dominó la política del país desde 1985 provocando la transformación del sistema multipartidista moderado en un sistema multipartidista polarizado. Pero estos dos cambios no comportan una transformación radical del sistema de partidos ni menos permiten sostener la idea de un "fin" del sistema de partidos. Si entendemos correctamente, esta idea implica una descomposición terminal y la perdida generalizada de la capacidad de los partidos para ejercer la función de representación política y la función de formar gobiernos. En ninguno de estos sentidos, se puede sentenciar la defunción ni del sistema de partidos ni el declive histórico de los dos partidos -el MNR y el MIR- que lo conformaban. Por el contrario, estos partidos siguen siendo partidos relevantes. Con la incorporación de nuevos movimientos políticos, el nuevo sistema de partidos ha cumplido más bien con la función de representar políticamente, y de manera más amplia, a todos los diversos sectores sociales.

Tampoco se ha agotado el sistema de partidos en el sentido de que las reglas de juego que regulan la competencia interpartidaria hubieran perdido legitimidad. Las reglas electorales, los mecanismos de negociación postelectoral entre partidos, la formación de una mayoría parlamentaria como condición para la elección parlamentaria del Presidente de la República se mantuvieron a pesar de las actitudes y reacciones del MAS y el NFR que negaron la legitimidad del gobierno naciente. Lo que ha sucedido entonces es una mutación del sistema de partidos.

La segunda conclusión es que el sistema electoral y el sistema de partidos han demostrado tener no sólo la capacidad de inclusión política, sino también la capacidad de impulsar la representación autónoma de movimientos indígenas y campesinos fortaleciendo así la dimensión étnico-cultural de la representación política. La tercera conclusión está referida a la magnitud o los alcances de la polarización del sistema de partidos. Por el momento, hay elementos tanto para pensar que esta polarización provocará una gran confrontación e inestabilidad política como para pensar también que la polarización y con ella el nuevo sistema de partidos podrían ser transitorios y volver a los cauces de un sistema moderado.

La cuarta y última conclusión tiene que ver con la continuidad de la democracia pactada que la he definido hace más de una década como un sistema político en el cual los consensos y acuerdos entre partidos son la base de los gobiernos constitucionales de coalición y constituyen igualmente la base para la legislación que requiere dos tercios de votos en el Congreso (Mayorga 1991). Contra vaticinios catastróficos, y no obstante condiciones y factores que la hacían evidentemente más difícil en esta coyuntura, la democracia pactada no se ha agotado. Con el mecanismo de las coaliciones, los partidos políticos evitan que las mayorías relativas den lugar a gobiernos minoritarios. De haberse producido, el agotamiento de la democracia pactada se habría manifestado en dos cosas que no ocurrieron: la incapacidad y/o falta de voluntad políticas para hacer acuerdos de gobierno de parte de los partidos relevantes; y, como consecuencia, el surgimiento de un gobierno minoritario e inerme.

 
PAISES
Nueva Mayoría.com
ARGENTINA
Información General Encuestas Electoral Análisis
BOLIVIA
Información General Encuestas Electoral Análisis
BRASIL
Información General Encuestas Electoral Análisis
COLOMBIA
Información General Encuestas Electoral Análisis
COSTA RICA
Información General Encuestas Electoral Análisis
CHILE
Información General Encuestas Electoral Análisis
ECUADOR
Información General Encuestas Electoral Análisis
EL SALVADOR
Información General Encuestas Electoral Análisis
GUATEMALA
Información General Encuestas Electoral Análisis
HAITI
Información General Encuestas Electoral Análisis
HONDURAS
Información General Encuestas Electoral Análisis
MEXICO
Información General Encuestas Electoral Análisis
NICARAGUA
Información General Encuestas Electoral Análisis
PANAMA
Información General Encuestas Electoral Análisis
PARAGUAY
Información General Encuestas Electoral Análisis
PERU
Información General Encuestas Electoral Análisis
REP. DOMINICANA
Información General Encuestas Electoral Análisis
URUGUAY
Información General Encuestas Electoral Análisis
VENEZUELA
Información General Encuestas Electoral Análisis
«« agregar a favoritos links contacto home
ObservatorioElectoral.org