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Biblioteca: Los sistemas electorales para el congreso en Colombia (1821-2002)
por Oscar Delgado, Sociólogo, profesor e investigador de la Facultad de Jurisprudencia, Universidad del Rosario. INDICE
· Cartelización, consociatividad, pilarización y corporatismo
Centuria de fuerte conflictividad interpartidaria (1848-1953)
· VISION PANORAMICA DE LOS SISTEMAS ELECTORALES
· CINCO TIPOS DE VOTO Y DE ESCRUTINIO

2) Centuria de fuerte conflictividad interpartidaria (1848-1953)

Salvo breves periodos de treguas (1855-56; 1904-22; 1930-34; agosto 1945- agosto 1946), ésta es una época de fuerte conflictividad, incluso bélica, entre los partidos conservador y liberal. Cada uno por separado constituyeron regímenes de Estado-partido, tras la rebelión conservadora de 1851, y tras la frustrada tentativa de Ospina Rodríguez (1857-61) de fundar un régimen conservador excluyente, advendrán los regímenes del federalismo radical (1863-85), el conservador-autoritario de la Regeneración (1886-1904), la hegemonía conservadora (1914-29), la hegemonía liberal (1934-45) y entre 1949-53, de nuevo, la frustrada tentativa de reinstaurar un régimen conservador autoritario, en un clímax de violencia entre el Estado-partido conservador y el liberalismo electoralmente mayoritario.

En esa época centenaria transcurren las llamadas guerras civiles (excepto la prepartidista de Los Supremos: 1839-41). El control del poder político pasaba de un partido excluyente a otro asimismo excluyente, ya fuera de modo autoritario omnicomprensivo (como el régimen de la Regeneración) o hegemónico de intensidad intermedia (como en los demás regímenes hegemónicos de ambos partidos).


El régimen de la Regeneración eliminó literalmente a los liberales radicales y en su agonía como tal régimen, al término de la guerra de los Mil Días, condenó a pena de muerte y ejecutó por fusilamiento, y en general sin fórmula de juicio a numerosos excombatientes y a ciudadanos liberales23. El sistema electoral de los distritos uninominales y de las designaciones senatoriales por las asambleas, "de uno en uno", le era en grado sumo ventajoso al régimen, por lo que el liberalismo de los radicales no pudo elegir a ningún senador, y a sólo dos representantes: Luis A. Robles en 1892 y Rafael Uribe Uribe en 1896. Al parecer en estos comicios los liberales habrían obtenido mayoría en dos distritos uninominales de Antioquia, dos de Panamá y Santiago Pérez por Medellín, pero las juntas electorales de los distritos (designadas por el gobierno) anularon los resultados24.

En tal época de enfrentamientos interpartidistas, excepto en la Regeneración, como se vió, fue muy dinámica una activa esfera pública política ?medios de comunicación en soporte papel (desde luego, no masivos), tertulias de café y de salones y, en ciertos momentos, púlpitos de iglesias? de oposición y de controversia teológica y filosófico-política entre dos cosmovisiones: la de la fe religiosa de los conservadores y la del racionalismo de los liberales. Al inicio del Frente Nacional, la Iglesia contribuyó a que se diera por cancelada esta época de violencia interpartidaria, y a principios de los años sesenta optó por aceptar definitivamente la secularización. Esta decisión ha sido desde entonces honrada en la práctica. La siguiente época estaría signada por la reconciliación y por la simbiosis de liberales y de conservadores, pero en el ambiente estaría marcada por otro tipo de violencia que acaba con el monopolio estatal de la fuerza física, hecho que dejó a los nacionales sin protección para su vida, su integridad y sus bienes.

En contraste con la dureza y con la exclusión de la Regeneración, la intolerancia de los otros regímenes se practicó con ciertas limitaciones: (a) en el régimen de los radicales, los conservadores mantuvieron el control de los estados de Antioquia y Tolima y, por largo tiempo o alternativamente, gobernaron el de Cundinamarca (que incluía a la capital de la Unión); (b) en la hegemonía conservadora, debido a la práctica del voto limitado o de lista incompleta, liberales y republicanos tuvieron acceso a alrededor de una cuarta parte de los escaños en todas las corporaciones públicas, y (c) en la breve hegemonía liberal, los gobiernos no impidieron la fuerte acción opositora de los dirigentes conservadores en los medios de comunicación, y en manifestaciones públicas que solían provocar enfrentamientos entre grupos de ambos partidos.

Tampoco la participación del partido en las elecciones, ahora bajo el sistema de representación proporcional, pese a lo cual los conservadores decidieron no concurrir a las urnas entre 1934-1938 , cuando se realizaron elecciones presidenciales en ambos años, al igual que a las de Cámara y de asambleas departamentales en 1935 y 1937 (y por lo tanto no tenían capacidad para designar representación en la elección de segundo grado del senado). En ese cuatrienio de abstención protestataria la única excepción fue la de haber concurrido a las elecciones para concejos municipales de 1935 y 1937, ya que durante la hegemonía liberal el conservatismo no estuvo ausente de los comicios para todas las corporaciones, con la única excepción del cuatrienio.

Los regímenes de partido-Estado25 terminaron en dos ocasiones por pérdida de elecciones presidenciales, ocasionada por división del partido hegemónico (en 1930 y 1946), pero en el siglo XIX las guerras civiles determinaron su finalización y el inicio de un nuevo régimen igualmente excluyente, así como en la guerra de 1885 el desplome del régimen federal de los radicales. Tras la frustrada tentativa de 1895, el liberalismo se lanza a la guerra de los Mil Días, en la que es derrotado militarmente por el ya políticamente desgastado régimen, al que (después del golpe palaciego dado por la fracción de los históricos a la fracción nacionalista de los conservadores, en 1900, en plena guerra civil), sucede otro régimen ?el del Quinquenio? en el que participan las importantes fracciones liberales del uribismo y del herrerismo, que venían de hacer la guerra.

La máxima intensidad en la exclusión partidaria se presentó (a) durante el régimen civil-autoritario, denominado la Regeneración (1886-1904), que excluyó tajantemente al liberalismo radical, y (b) las dos dictaduras del medio siglo XX, a saber: la dictadura civil de Ospina-Gómez-Urdaneta (1949-53), que excluyó al liberalismo, apoyada en la politizada policía, los militares conservadores y bandas partidarias26, y la dictadura militar del general Gustavo Rojas Pinilla (1953-57), que excluyó a los dos partidos como tales, aun cuando gobernó con personal civil y militar vinculado al conservatismo.

Las exclusiones de intensidad regulada corresponden a las hegemonías unipartidarias que impedían sólo parcialmente la organización y la acción política del partido opositor, sin cerrarle totalmente el acceso a la función pública o al parlamento y demás corporaciones públicas. Tales regímenes semiduros fueron: (a) la hegemonía del radicalismo federal (1863-85), b) la hegemonía conservadora (1914-29) y (c) la hegemonía liberal (1934-46). Los dos últimos periodos mencionados fueron precedidos de las siguientes transiciones: (a) entre 1904-09 de la posbélica del cesarismo pacificador y reconciliador de Rafael Reyes o Quinquenio; (b) entre 1909-14 del republicanismo de Carlos E. Restrepo, y (c) entre 1930-34 de la concentración nacional de Olaya Herrera. La violencia de los movimientos sociales de los años veinte y treinta fue sustituida por la violencia interpartidaria del septenio 1946-53, en la que los liberales (que eran mayoritarios electoralmente) asumieron un rol defensivo ante el Estado-partido del minoritario conservatismo.

3) Régimen de bipartidismo colusivo o cartelizado (1957-2002...)

En esta época contemporánea concluye definitivamente la conflictividad entre liberales y conservadores, quienes de consuno controlan el Estado, la administración, la justicia judicial y el Congreso. En una primera fase, la decisión política corresponde a una oligarquía bipartidista, que ocupa tanto el centro político como el Estado, y en la fase subsiguiente y actual, a una dinámica a la vez centrífuga (dominio de las corporaciones públicas de parte de una clase política bipartidista de estatus social intermedio en sus correspondientes regiones) y centrípeta (mayor poder del presidencialismo debido a la descomposición, desvanecimiento y menguado prestigio público de los partidos, los que cada vez son más inefectivos en su incidencia respecto de las determinaciones en materia de políticas públicas y nombramientos burocráticos); por lo tanto, hay una mayor incidencia del neocorporativismo, pero se presenta con un elevado costo social (incluidos aquellos de transacción) en materia de cesión de bienes públicos, lo cual redunda en beneficio personal de los miembros de la clase política enseñoreada del parlamento.

En la primera fase del régimen cartelizado domina la oligarquía bipartidista de la precedente coyuntura del periodo de La Violencia; en la siguiente y actual, una alianza entre presidencialismo y clase política de menor rango por su limitada capacidad de movilización electoral clientelista. Hay una separación entre Estado neocorporatista y presidencialista, social y políticamente descentrado, vinculado a los vestigios del partidismo como decadente veto-group; mientras que en el espacio esquemático aparece distante el resto de la nación: la protosociedad civil (muy incipiente y de dudosa formación a mediano plazo), y las otrora potentes y ahora declinantes: la esfera pública y la opinión pública27 .

Los regímenes clásicos de partido-Estado y el actual del bipartidismo estatizado ?al margen de la sociedad, de la esfera pública y de la opinión pública? se han sostenido mediante políticas de poder que, con precaria legitimidad social y política, han combinado la fuerza, la violencia y la intimidación vinculada a la trasgresión de los derechos humanos, y con disuasivos legales (mantenimiento por tiempo indefinido del Estado de sitio, estatuto de seguridad, etc.) o ilegales (acciones represivas encubiertas, desapariciones forzadas, paramilitarismo, exterminio de la Unión Patriótica, etc.), de tal manera que han emulado en perversidad, antihumanitarismo y antipolítica con el terrorismo de las guerrillas y los paramilitares.

 
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